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Cuatro poemas

EDUARDO MITRE

Cuatro poemas

Cuatro poemas

La Razón

00:00 / 20 de mayo de 2012

Enigma

Cuál será la última palabraque entre o salga de mis sentidos,antes de que se me apaguencomo las luces de una casa:el oído, la voz,la mirada.¡Cuál será esa palabra!¿Será dicha, leídao sólo escuchada?

Y en qué lengua: ¿nativa,o extranjera?¿Reconocibleo totalmente ajena?

¿A qué, a quiénse dirigirá esa palabra?  

Pena

Y se quedarán lospájaros cantando.

J.R.J.

Me da una pena indecibledecirles para siempreadiós a las palabras.

De todas las lenguas,y mucho mása las amorosas de la nuestra.

Y todo por un silencioque no es nada sin ellas,por una mudezque ni siquiera es ausenciasino pura pérdida.

Me dan pena mis oídosque ya no escucharánla voz de nadie,y mis labiosque no nombrarán ya nada;mientras ellas seguirán,palpitantes, de labio en labio,revoloteando en el aire,con sus alas ya imposiblespara mi voz apagada.

Perplejidad

Qué cosa extraña, Lejana:nunca te recuerdo desnuda,siempre llevas algo puesto:un abrigo rojo,una falda largay, en pleno verano,una blusa cerrada. No, nunca amanecen enmi memoriatus senos descubiertos,ni tus muslos,ni el fino triánguloque cubría tu sexo.

Tu desnudez permanececomo una flor en la sombra,como si alguien me castigaradevolviéndoteno sólo a tu misteriosino también a tu virginidad. Y pensar que, entonces,ardíamos juntoscomo un par de leños. Qué riguroso, Lejana, el modoen que volvieron a vestirtelas manos del tiempo.

La invitada

Parco –parvo– todo adjetivopara su manera de saludar,de quitarse el abrigo,de sentarse en el sofá

y cruzar las piernascubiertas por la faldabesándole los tobillos,y de aceptar un vaso de agua

y luego una copa de vino

y su modo de alzarlaentre el índice y el pulgarcomo si de un clavel se tratara;

y su forma de entrar en confianza–sin suprimir la distancia–regulando en cada palabra

la temperatura del diálogo,y el tono de su vozal referirse a su infanciaen Londres, y de pasodecirnos su edadsin esconderse los años,y, a la mesa, el roce de su manosobre el mango del cuchillo,poco antes de empuñarlo y su caricia a la servilletaantes de desplegarlay pasarla por los labiosdejando apenas huellas, y, en la sobremesa,su sonrisa al mencionaral ex marido, y otra, radiante,al nombrar a su hijo, y al cabo mirar el relojy exclamar: “¡Qué tarde, Dios mío!”,para levantarse serena,retomar el abrigo, dar las gracias y despedirseen la penumbra del pasillo,dejándonos sumidosen la nostalgia de su imagen, mirando su sitio vacío,sin poder imaginarla en su cuartoni precisar cuántohace que se ha ido.

Eduardo Mitre

Poeta de la claridad y la celebración

Nacido en Oruro en 1943, Eduardo Mitre ocupa un lugar central en la poesía boliviana contemporánea. Desde Ferviente humo (1968) ha construido una obra marcada por la claridad, la precisión y la celebración. Sus últimos libros –El paraguas de Manhattan (2004), Vitrales de la memoria (2007) y Al paso del instante (2009)– han sido editados por el sello español Pre-Textos.  Los poemas “Enigma” y “Pena”, reproducidos en esta página, fueron publicados en el número de mayo de la revista mexicana Letras Libres, de la que el poeta boliviano es asiduo colaborador. 

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