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La poesía entre los nevados y los ríos

Por primera vez se publica en el extranjero una antología de los autores bolivianos del siglo XX

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva - poeta

00:00 / 03 de mayo de 2015

Solo faltaba Bolivia en la colección La estafeta del viento, de la editorial española Visor, que publica antologías de la poesía de los países latinoamericanos y que dirigen los poetas Luis García Montero y Jesús García Sánchez. Ahora ya existe, se titula Antología. La poesía del siglo XX en Bolivia (Donde la nieve y los ríos son míticos) y es la primera compilación de este tipo que se publica en el extranjero sobre nuestro país. Quinientas páginas que se convierten en una magnífica herramienta para difundir tan inmensa obra por el mundo de habla hispana.

El libro está dedicado a los mejores poetas bolivianos del siglo XX, pero no se trata de un estudio crítico de la poesía que se escribe en Bolivia sino de un muestrario de lo que se ha escrito desde el siglo pasado. Además, un siglo no se entiende sin aquello que lo precede y por eso el libro muestra también el devenir histórico y las tendencias poéticas que se suscitaron en Bolivia años antes.

El subtítulo de esta antología tiene que ver con los dos grandes territorios geográficos y culturales —Los Andes y la Amazonía— y es una paráfrasis de un verso del poeta paceño Franz Tamayo que dice: “Aquí la nieve es mítica”. Tamayo podría ser la paradoja que guarda nuestra literatura, un escritor y poeta que se reclamaba de origen indígena pero que escribía scherzos y rubayats. También propuso cambios profundos en la sociedad boliviana a través de la educación, pasando de lo meramente occidental a lo indígena sin por ello perder el carácter universal de la ciencia.

Montaña y río. El imaginario poético de La Paz, Cochabamba, Oruro, Sucre y Potosí es eminente e inminentemente andino. La montaña ejerce una influencia mayor en él, como antes influyó en los poderosos achachilas, que nacieron de los sueños de los primeros seres humanos que habitaron los Andes y de las raíces cósmicas del imaginario andino.

Esa influencia es notable en poetas como Gregorio Reynolds, Ricardo Jaimes Freyre, Franz Tamayo, Óscar Cerruto y Jaime Saenz, entre otros. Paradigmática es la montaña Illimani, el resplandeciente en lengua aymara, como lo anota Óscar Cerruto. Esa montaña de La Paz repite tres veces su hermosura y se ha convertido en la musa de muchos escritores y artistas paceños.La montaña, en las tierras altas y los ríos, en las tierras bajas. Cuando los poetas de Europa hablan de sus ríos su poética es filosófica, los ríos son la metáfora del tiempo y de la vida, son pensamiento y abstracción. En cambio, para los latinoamericanos el río es la vida misma, real y cotidiana, salvaje como en el caso de los poetas nacidos y criados en las extensas y húmedas llanuras y selvas tropicales de la Amazonía.Los españoles trajeron su lengua y con ella su manera de entender al universo. Sus palabras se mezclaron con las palabras y el entendimiento, el ser que habita el lenguaje, de los pueblos indígenas. En este proceso llegaron nuevas corrientes que, como en el resto del mundo, reflejaron los problemas sociales, políticos, económicos y culturales. Por eso en Bolivia tenemos hoy muchos registros poéticos, intensos y amplios. Entre ellos está la renovación de una poesía indigenista que en el pasado contó con destacados poetas nacionales, como Jesús Lara, pero que nunca se había dado en la poesía escrita en la región amazónica.selección. Para comprender mejor la propuesta literaria temporal, y como un punto de partida necesario, la selección incluye a Adela Zamudio (1854-1928), Gregorio Reynolds (1882-1948), Ricardo Jaimes Freyre (1868-1933) y Franz Tamayo (1879- 1956). Nacieron en el siglo XIX pero desarrollaron su obra en el XX, el siglo de los grandes poetas de Latinoamérica. Además, de literatura boliviana como tal se empieza a hablar recién en el siglo XX. Esos nombres se pueden considerar una especie de primer canon de la poesía boliviana. La antología está ordenada cronológicamente para que el lector vaya siguiendo la evolución histórica de nuestra poesía. Empieza con Zamudio, el emblema del romanticismo, una poeta irreverente, valiente, que bien puede ser considerada como una precursora de los movimientos feministas y hasta comparada con la inefable Simone de Beauvoir. Su poema Nacer hombre aún está vigente, así como ¿Quo vadis?, por el que fue excomulgada por una iglesia ultraconservadora que no estaba para soportar ninguna crítica a la sociedad patriarcal y católica y mucho menos de una mujer. Cierra el libro Elvira Espejo, una indígena orureña paradigma del proceso de inclusión social que vive Bolivia: escribe en quechua, aymara y español y es compositora, artista plástica y tejedora. Espejo es la voz de la tierra, que nos recuerda de dónde somos. El mar. Un lugar común en la crítica literaria es afirmar que la mediterraneidad ha condicionado nuestra literatura, y esto es cierto. Así lo podemos comprobar en muchos de los temas de nuestros poetas. La ausencia del mar fue y sigue siendo un motivo para la nostalgia y la escritura. Por eso se habla de la insularidad de la literatura boliviana. La antología ofrece una variada muestra de poemas de cada autor, y brinda una visión representativa de su obra y de cómo, con sus los poemas y/o prosas poéticas, construyeron sus propios mundos poéticos a través de sus escrituras y de sus estéticas. En algunos casos esos mundos tienden puentes entre las culturas europeas y las indígenas, en otros la propia palabra es el mundo, como también los son la muerte, el sueño, el amor o la vida.Por sus objetivos y su función, esta antología solo incluye a 32 poetas. Sin embargo, los autores que en la actualidad trabajan el verso duplican ese número. Si en general la mayoría de los libros y sus autores envejecen rápido, las antologías lo hacen más rápido aún. Las obras y los autores que se consideran canónicos resisten jóvenes y forman un círculo al que van ingresando paulatinamente nuevos autores, aunque para ello  a veces haya que morirse.Y así como existen poetas canónicos, también existen poemas canónicos, que se repiten en las antologías nacionales, como Nacer hombre, de Adela Zamudio; La llama, de Gregorio Reynolds; Siempre, de Ricardo Jaimes Freyre; Habla Olimpo, de Franz Tamayo y Canto al hombre de la selva, de Raúl Otero Reiche. Tan famosos son que a veces olvidamos quiénes los escribieron.Articular. Esta antología también trata de aportar a la articulación de Bolivia incluyendo poetas altiplánicos y amazónicos, algo que muchas antologías anteriores no hicieron, privilegiando solamente a poetas de la parte andina. Incluye a Raúl Otero Reiche, de Santa Cruz, y a Horacio Rivero Egüez, Pedro Shimose y a Ruber Carvalho, entre otros, del Beni. Es probable que el día de mañana algunos de los autores y sus poemas sean reemplazados por otros y aparezca un nuevo antologador que incluya a los poetas de su preferencia. Y es una arriesgada apuesta incluir a algunos de los que aún siguen publicando y dejar afuera a otros.Toda antología poética también es un rescate, y en ésta se incluyen algunos autores contemporáneos que nunca estuvieron en otras selecciones. La mirada con la que ahora leemos sus poemas no es la misma de cuando fueron escritos y/o publicados. Por eso será el lector quien les cree a cada uno su propio contexto y quien elija cuál será su destino.

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