Tendencias

La poética de la lectura

La editorial Plural publica los tres libros de poemas de Rubén Vargas, uno de ellos inédito, en un solo tomo.

Rubén Vargas

Rubén Vargas Foto: cis.gob.bo

La Razón (Edición Impresa) / Benjamín Chávez - poeta

00:00 / 02 de abril de 2017

A casi dos años de la muerte de Rubén Vargas (poeta, crítico, periodista y docente universitario, La Paz, 1959-2015), Plural editores publica su Obra poética.

Vargas es autor de tres libros de poemas: Señal del cuerpo (Cabildo, 1986), La torre abolida (Plural, 2003), El viaje a Lisboa, (escrito en 2006, y que se publica ahora por primera vez) y una antología de poetas paceños: Tal vez enigma de fulgor (FCBCB, 2012). El emprendimiento impulsado por su hijo Julián Vargas Talavera y Plural editores pretende publicar todo el legado literario de Vargas y abarcará tres libros referidos a distintas facetas de su actividad cultural. Así, en 2016 se publicó el primero de ellos: Perdido viajero, que recupera las columnas periodísticas que Vargas publicó en el periódico La Razón.

El orden de los poemarios elegido para su inclusión en este libro es inverso al de su publicación, es decir, el volumen empieza con el inédito El viaje a Lisboa, continúa con La torre abolida y termina con Señal del cuerpo. La razón es muy sencilla. Además del beneficio de abrir el libro con poemas inéditos, se muestra, en primer término, la escritura más reciente de Rubén, aquella en la que las líneas maestras de su poética, esa poética de la lectura, de literatura sobre literatura y otras formas del arte, de “diálogo interior con otros lenguajes”, como dice su autor, ya fehacientemente presente en La torre, se consolida como su voz definitiva en El viaje, donde “la presencia de otros autores permanece, más bien, debajo del texto”, según afirma él mismo. Así, pretendemos —como otro gesto de amistad— simular en este libro una conversación con Rubén. Escucharlo decir las cosas más recientes que trae y quiere compartir y, poema a poema, ir conociéndolo más, retrocediendo en el tiempo hasta que, al final, oigamos sus primeros versos en un libro de juventud.

Eso, en cuanto a los tres poemarios que dejó terminados. Luego se incluyen los poemas dispersos publicados en revistas. Específicamente Tres postales que nunca envié, publicadas en el número 11 de la Revista Zorro Antonio de la carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés y los publicados póstumamente: La Vita Nuova (revista 88 Grados); [Alba, despierta. Quiero], Isla de sol, Piedra de sol y Frente al lago (Revista Zorro Antonio Nº 12), rescatados de la computadora de Rubén por su hijo Julián.

Como parte de ese corpus poético vigoroso, que sitúa a su autor en un sitio preferente de la poesía boliviana de las últimas décadas, decidimos incluir el poema El cielo de las serpientes, en cuya escritura participó Rubén en coautoría junto a los poetas Jorge Campero, Juan Carlos Ramiro Quiroga y Edmundo Mercado.

Asimismo, incluimos La hora tardía, un poema inédito (en dos versiones), que es una evocación de Sorata y una muestra privilegiada de los materiales que dejó inéditos. Finalmente se consignan dos versiones del poema Keeping Things Whole, de Mark Strand, que Rubén tradujo y publicó en Presencia literaria (1992) y el suplemento Tendencias (2014).

Cierran el libro dos lecturas sobre la obra de Rubén, escritas por sus entrañables amigos y profundos conocedores de su poesía Eduardo Mitre y Luis H. Antezana J. El texto de Mitre, titulado Cámara de ecos, trenza de palabras hace una lectura general de la obra de Vargas y dice:

“El poema concebido y compuesto como una urdimbre deliberada de otras escrituras y voces, de modo tal que la lectura es la fuente primordial de la propia escritura. En esa corriente creativa se desarrolla la obra de Rubén Vargas Portugal que abarca tres libros concisos. (…) El segundo y el tercero cumplen a cabalidad esa poética de la intertextualidad como principio que pauta y rige la escritura. Concomitante con ella, La torre abolida recrea el retrato interior, sin olvidar el dibujo del escenario de la época, de las oscuras fuerzas sociales que marcaron las vidas de los personajes que son objeto de las recreaciones del poeta. En la composición de esos retratos convergen dos niveles: los hechos esenciales de la vida de cada autor evocado y las citas, alusiones o variaciones hechas a partir de sus obras, sean literarias, pictóricas o cinematográficas. Como el propio poeta lo especifica en la nota que finaliza su segundo libro: ‘Por su propia naturaleza y propósito, La torre abolida es un diálogo con otros lenguajes, un espejo trizado que los refleja y fragmenta’”.

Por su parte, Luis H. Antezana, en su texto titulado Rubén y Celán, al referirse al libro La torre abolida afirma: “Se trata de ‘un diálogo interior con otros lenguajes’, como él dice, el título de su libro, La torre abolida, sugiere la posibilidad de así enfrentar el problema del mito de la Torre de Babel y, por ahí, quizá, también dialogaría con After Babel de George Steiner quien, en su caso, inclinando la balanza hacia los alcances de las traducciones, también persigue las diversas formas de la interacción verbal entre los lenguajes y la riqueza que implica contar con tantos idiomas que, a su vez, son otros tantos mundos. Ese complejo diálogo, la literatura sobre la literatura, exige o supone una complicidad algo peculiar, la de conocer o, mejor, la de atreverse a conocer el texto literario que aludido, nombrado, utilizado o reelaborado se integra en este tipo de literatura. La literatura sobre la literatura es una caja de resonancias connotativas que apuntan, de una u otra manera, al texto o textos que constituyen el horizonte de la (nueva) obra”.

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