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Cuando póstumo no significa menor

‘Para Isabel’, la novela póstuma del italiano Antonio Tabucchi , es, para el autor de esta nota, una obra maestra

‘Para Isabel’

‘Para Isabel’

La Razón (Edición Impresa) / Javier Aparicio - crítico

00:00 / 25 de enero de 2015

A ver quién es el guapo que cuando se habla de novela póstuma piensa en una obra maestra; a ver quién piensa con un lirio en la mano que novela póstuma no es sinónimo de borrador extraviado, de manuscrito repudiado y descubierto en aquel anaquel cercano al abigarrado escritorio del genio creador.

Para Isabel es una novela inédita póstuma de Tabucchi (1943-2012), pero no un inesperado vestigio de su talento sino una prueba esencial de éste, una obra maestra terminada de escribir en 1996, dos años después de publicar su ya legendaria Sostiene Pereira. Por qué no quiso publicarla entonces es cuestión que ni su viuda ni su editor alcanzan a revelar en el breve posliminar que cierra el volumen.

Como buen viajero que fue de los paisajes del alma, su último libro en vida fue Viajes y otros viajes. De la Toscana a su adorada Lisboa, en la que este extraño thriller póstumo sitúa también su trama de pesquisas emocionales entre carceleros y carniceros, visionarios santones y fotógrafos engreídos. De la Riviera a la India exótica, evocada aquí por los círculos de la mandala que quiere ser Para Isabel y que van estrechándose a lo largo de la novela hasta tratar de contemplar con claridad a esa enigmática Isabel que el narrador persigue por mandato del autor, y de la que el lector se despide viéndola agitar una bufanda blanca y diciéndole adiós. Hay aquí recuerdos de la idiosincrasia de la colonia conviviendo con una enceguecida y decadente metrópoli, la Lisboa de los años 60.

Para Isabel comparte con Réquiem (1992)  a Tadeus Waclaw, convertido en el detective metafísico de esta novela póstuma, y también la presencia constante de la ausencia de personajes que desaparecen como esta rebelde Isabel.

Para Isabel es un retrato caleidoscópico de la huidiza y revolucionaria protagonista. Otra autobiografía ajena y cubista de Tabucchi. Su amiga Mónica la evoca en el primer capítulo recordando los cálidos veranos de la infancia, que a algún lector lo llevará a El jardín de los Finzi-Contini, de Bassani. Tío Tom rememora para Tadeus Tabucchi, el narrador autorial que pretende transmutar el hierro de ficción de la protagonista en el oro empírico de una mujer de carne y hueso, una Isabel militante comunista bajo la dictadura de Salazar que no desentonaría en un relato de Pavese entre el compromiso político y el júbilo de vivir; Xavier, su personaje del Nocturno hindú (1984), recorre el capítulo octavo.

La novela es también un epítome de la obra de Tabucchi, un relato de viajes exóticos e identidades en ciernes o todavía abstrusas; un limbo onírico e irónico que se pretende empírico; un catálogo de “obsesiones privadas, añoranzas personales y fantasías incongruentes”, como dice el autor , y asimismo de ensueños y de recuerdos que cruzan como contrabandistas la frontera de la realidad.

Tal vez por eso Para Isabel es también un ejercicio ciertamente original de reflexión acerca del oficio de inventar ficciones, de gestar personajes que alcanzan en ocasiones a convertirse en heterónimos, acerca del hecho de escribir, de su trascendencia. Tadeus dice: “Me puse a escribir antes de reflexionar sobre lo que era de verdad la escritura, tal vez si la hubiera entendido antes no habría llegado a escribir nunca”. Pero es Tabucchi el que habla.Y es una novela exquisita que engarza eslabones de un collar que el autor quisiera poder ponerle a Isabel al final, un relato felizmente incongruente concebido con mimo y, por encima de todo, un emocionante y titánico esfuerzo por dotar de vida a Isabel, su personaje de ficción, una metalepsis encubierta por la que Tabucchi aspira a encontrarse en el mismo nivel ontológico con su personaje Isabel.

El autor pide un encuentro real con su personaje en una Lisboa lluviosa con trasfondo político y cierta nostalgia de viajes pasados y de un futuro ya delusorio. Isabel y Antonio hablando del perpetuo noviazgo entre el arte y la fantasía con jazz de fondo y un cuadro de Chagall colgado en la pared del café. Alquimia literaria. La seducción de los recuerdos inventados y las realidades falsas. Para el lector, una dádiva póstuma de don Antonio.

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