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La profundidad de la piel

videoinstalación.  Déjame una imagen  (5 min), 2015. Foto: Martin Jordan

videoinstalación. Déjame una imagen (5 min), 2015. Foto: Martin Jordan

La Razón (Edición Impresa) / Joaquín Sánchez - artista curador

00:00 / 06 de septiembre de 2015

En el territorio del cuerpo se han trazado los caminos del lenguaje, desplegando su poderosa verdad desde lo ceremonial y trágico hasta el festín dionisiaco. La corporalidad no solo nos ha definido sino que ha sido el lugar privilegiado para expresar la imagen del mundo de cada civilización; ha permitido comprender o cargar de enigmas el universo.

El proyecto artístico que Paola Oña ha desarrollado desde sus inicios se ofrece como una puesta en escena de un hipnótico orden mundial.Oña propone una saga fragmentada, basada en la recuperación de capítulos precisos de su historia personal, y en la asimilación de códigos artísticos contemporáneos. Esto le sirve de cimiento para construir un modelo que reclama un espectador que pueda conectar con una experiencia pasada y reelaborarla en el presente, con el hilo de la energía corporal.

Oña recurre al tiempo como proceso y material de trabajo y sus modos de hacer le permiten invocar espacios, voces colectivas perdidas y comunidades pasadas. Sus trabajos responden siempre al lugar donde se ubican y crean experiencias de inmersión que responden de forma poética a la presencia física y a la historia social de sus emplazamientos.

La génesis de sus videos y performances enuncian sonidos y palabras mediante el uso del lenguaje y el texto que coloca en el centro táctil y metafórico de sus instalaciones. Entrar en la zona liminal de sus instalaciones es sentirse convocado por capacidades de comprensión sensoriales y lingüísticas que construyen nuestras facultades de la memoria, la razón y la imaginación.

Paola Oña es actriz y dramaturga. Desde que heredó la maquina de coser de su madre, empezó a investigar sobre la indumentaria y los textiles, elementos fundamentales para la concepción de su obra. Creció tejiendo, bordando y cosiendo. Esta experiencia le permite organizar el espacio de una manera particular, relacionando el interior con el exterior que propicia la tela, con lo que se oculta y con lo que se revela. Es este espacio entre las hebras lo que le interesa y le permite dar un fundamento metafórico a su trabajo.

La artista trabaja los textiles como segunda piel y con estas acciones afirma que “no hay nada más profundo que la piel”, hermosa y misteriosa frase de Paul Valery que nos recuerda que solo somos un pliegue de la exterioridad; un pliegue que aparece como diferencia y está instalado en el pensamiento entendido ahora como dermatología general o arte de las superficies.

Paola Oña tiene el control absoluto de su propio inventario de membranas - interfaces del pasado, presente o futuro. De estas interacciones emerge un sustrato material que goza de tanta entidad como la estructura simbólica que las articula. Las líneas de fuga que traza la artista liberan la vida y nos llevan a un mundo extraviado pero recuperable gracias a una piel que está en contacto con el adentro y el afuera. Es esta piel que protege, comunica, siente, almacena y regula el frágil equilibrio que configura todo organismo y su madeja de singularidades efervescentes.

PROYECTO. Museo de Papel es una plataforma de difusión que visibiliza a jóvenes creadores de diferentes disciplinas artísticas, que, más allá del dominio de la técnica, ofrecen una reflexión poética cobre la creación artística. Este museo no exhibe en un espacio físico, ni atesora, consagra o jerarquiza obras; es un dispositivo que amplía la mirada hacia un horizonte mestizo donde conviven lenguas, temporalidades y culturas. Museo de Papel es un proyecto de la Fundación Cinenómada para las Artes. Cuenta con el apoyo del Centro Cultural de España en La Paz, la Agencia Española de Cooperación y el diario La Razón.

Paola Oña

Tejido que nos cubre

Uno de los ejes principales de mi trabajo se basa en el tejido, que nos cubre en primera instancia con la piel y, luego, el tejido como material de los vestidos que nos cubren día a día (la piel del actor, permeable de emociones, es el primer tejido que debe traspasar para comunicar su verdad. Para que la energía de todo intérprete, performer o artista en escena llegue a dar con su objetivo primero debe, además de trabajar sobre su motor interno, conseguir esa permeabilidad social para comunicar. Sin máscaras, sin tapujos, con la libertad de crear y transmitir aquello que desea y necesita).

Mi trabajo habla de lo cotidiano desde hechos quizás más íntimos, de procesos personales internos que tal vez puedan parecer insignificantes, pero tratando de plasmarlos siempre como grandes eventos memorables de la vida de las personas.

De un tiempo a esta parte me interesa hablar sobre la muerte, como un fin con significante diverso dentro de la concepción que se tiene de ella en nuestro contexto.

Y quizás, por el momento en el que me encuentro, mis proyectos comienzan a tener un enfoque hacia la maduración como etapa de florecimiento en la vida.

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