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‘Se puede sonreír y cambiar las cosas’

Raymond Depardon expone sus retratos de los bolivianos de la calle en el Museo Nacional de Arte

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - periodista

00:00 / 26 de julio de 2015

Uno de los fotógrafos y documentalistas más importantes del mundo, el francés Raymond Depardon, está de visita en Bolivia, un país que dice que le fascina. Este hombre afable y comprometido expone en el Museo Nacional de Arte algunas de las fotos que tomó en otros viajes al país e imparte talleres sobre su oficio. También tomará la cámara e intentará, a pesar de no hablar español, volver a establecer una complicidad con la gente de a pie que tanto le gusta retratar.

— Estamos junto a la plaza Murillo, hay marchas y las calles están cortadas y tomadas por la Policía. ¿Le sorprende?

— La primera vez que vine, en 1997, también había mucha tensión alrededor de esta plaza. Sé que la historia de Bolivia no es fácil, pero tengo la sensación de que la situación mejora a ojos vista. Basta tomar la carretera entre Santa Cruz y Cochabamba y ver cómo ha cambiado el país, aunque también haya nuevos problemas. Sé que para mucha gente el presente aún es duro, pero creo que al largo plazo tendrán muy buena calidad de vida.

— ¿Por qué le atrae tanto Bolivia?

— Tengo 73 años. Comencé como reportero a los 18 y conocí todo el mundo. Ahora me da la impresión de que el tiempo va demasiado de prisa por la globalización. Todos los demás países se parecen ahora mucho y me decepcionan. Bolivia es uno de los pocos que aún son principalmente campesinos, a pesar de que el éxodo rural sea importante, y yo también soy un hijo de campesinos desplazado a París. Allí, algunos mantenemos esa filosofía rural de ser gente apegada a la tierra, como aquí con la Pachamama. Por eso, cuando llego a Bolivia vuelvo a ser un reportero, un ojo curioso y atento, y con ganas de hacer fotos no solo para mí y para Francia, sino para todos. Es una pena que no haya mucha relación entre mi país y Bolivia. Al presidente François Hollande, si es que llego a verle otra vez, le diría que viniese… me gustaría que ambos países se acercaran.

— ¿Prefiere trabajar con la gente en la calle a retratar la alta política?

— No hay mucha diferencia entre fotografiar a un campesino y a un presidente de la república, a ambos les da mucha pereza posar y les fastidia que les molesten. Yo lo comprendo, y me cargo de paciencia e intento ser como soy. Estoy muy impresionado por la actitud del boliviano en la calle. Desde hace 20 años trabajo mucho con los campesinos franceses, que están casi siempre con cara de cabreo, como los bolivianos, y también tienen esa especie de desconfianza cuando te acercas a ellos con una cámara. Pero prefiero la gente que se resiste a ser fotografiada a la demagogia y la falsedad de quien te pasa el brazo por la espalda para tomarse una foto y luego te pide dinero por haber posado. Aquí hay un orgullo, un saber estar que me parece muy agradable.

—Exponer en La Paz, ¿le provoca alguna sensación especial?

Para mí, exponer aquí es tan importante como exponer en Nueva York o París. He donado todas las fotos de la exposición al museo y me encantaría volver alguna vez y verlas. Cuando conocí al embajador de Bolivia en la Unesco y me invitó a hacer este viaje fue él quien vino a verme a mí, lo que me parece extraño porque prácticamente nadie en Francia sabe que tengo trabajos sobre Bolivia… pero parece que aquí sí lo saben. A lo largo de muchos años he retratado muchos lugares, pero ésta es la primera vez que expongo en el propio país en el que he tomado las fotos.

—¿Cree que la fotografía y el arte  en general deben aportar a la transformación social?

—Cuando era joven hablaba con mi amigo el cineasta Jean Rouche. Los dos trabajábamos muchos años en África. Él proponía establecer normas para impedir que colonizásemos artísticamente a los africanos. Y lo mismo se puede decir ahora respecto a Bolivia. Estoy seguro de que tenemos que establecer un diálogo, un feedback, como decía él: volver a plantear las cosas desde el principio y fomentar que se hagan a su manera, no a la nuestra.

Por eso están muy bien los talleres que tengo programados aquí. Si puedo dar unos pocos consejos prácticos, trucos propios del oficio, estaré muy contento. Pero no traigo fórmulas mágicas ni consejos paternalistas, me parece que deberían ser los propios bolivianos quienes hiciesen los reportajes y las películas que muestren su país tal como es y no como lo vemos desde afuera. Aunque, claro, como en todos los oficios, hay algunas normas estéticas imperativas que hay que respetar para poder lanzar mensajes: si no las respetas, no comunicas. A todo el mundo, aquí y en Europa, le gusta mucho la fotografía y el cine. Así que tenemos mucho alcance y, si lo aprovechamos, por ahí se puede trabajar para cambiar las cosas, aunque hay que ir poco a poco y siempre sonriendo.

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