Tendencias

'Las puertas del regreso'

“La crítica literaria debería ser experiencial y pragmática antes que teórica”.

'Las puertas del regreso'.

'Las puertas del regreso'.

La Razón (Edición Impresa) / Harold Bloom Adolfo Cáceres Romero / Escritor e investigador

01:31 / 31 de agosto de 2018

En Las puertas del regreso (2017), último libro del poeta Eduardo Mitre, publicado por Plural Editores, lo implícito se hace explícito en una serie de poemas que reflejan la experiencia del retorno en la producción de varios poetas hispanoamericanos de nuestros días. Según nos confiesa su autor: “Su origen se remonta a mi lectura, en 1982, del libro de Vladimir Jankélévitch: L’irreversible et la nostalgie. Una frase del mismo, que suena como un proverbio, se me grabó en la memoria: ‘El mal del exilio es la nostalgia; el mal del retorno, la decepción’”. Frase que, desde luego, refleja gran parte de la vida de Mitre; quien diseñó este su libro como lo hizo con sus cuatro estudios anteriores —también antológicos— que comienzan con El árbol y la piedra (1988), publicado en Caracas, por Monte Ávila Editores; luego De cuatro constelaciones (1994), editado por la Fundación BHN; El aliento en la hojas (1998) y Pasos y voces (2010), obras publicadas por Plural Editores.

Las puertas del regreso se abre a un espacio más amplio, centrado en una temática vivencial que él llama “Nostalgia y reconciliación en la poesía hispanoamericana”, en cuya primera parte, “Ensayos”, expone la simiente de una serie de poemas que hablan del retorno, experiencia que solo un poeta como Mitre podía ofrecernos, explicando composiciones de 26 poetas de nuestra América, a partir del mexicano Ramón López Velarde, para culminar con el salvadoreño Jorge Galán; desde luego que también selecciona las composiciones de cuatro poetas bolivianos: Octavio Campero Echazú, Jaime Saenz, Pedro Shimose y Jesús Urzagasti; donde indudablemente Mitre debería estar, especialmente con sus hermosos poemas de La luz del regreso (1990); pero él jamás se incluiría y no solo por su profundo sentimiento ético, sino por respeto a los poetas que eligió. En la celebración de los 70 años de la revista madrileña Cuadernos Hispanoamericanos Nº 812, de febrero del 2018, Mitre, junto a Mario Vargas Llosa y otros ilustres escritores, explica la génesis de Mirabilia (1979), uno de sus poemarios más conocido. Los ensayos de Las puertas del regreso destacan la imagen de Ulises, presente en Odisea, libro vigésimo tercero, singular soneto de Borges; en Ulises, de Eugenio Montejo y, aunque de manera implícita, en Inscripción 178, de Raúl Zurita. La segunda parte: “Antología”, se abre con 609, poema de la norteamericana Emily Dickinson, cuya presencia es justificada en el prólogo. Mitre nos brinda la versión original en inglés, junto con la traducción a nuestra lengua, de Margarita Ardanaz.

La parte de “Ensayos” culmina con un epílogo que el autor considera “conveniente”; no solo porque en él destaca la figura arquetípica de Ulises, sino también la “perspectiva crítica” de Olga Orozco, en su poema Detrás de aquella puerta, donde alude al “desdichado Ulises”, “asimilándolo a la codicia, a la conquista del poder”. Luego, con Margaret Atwood, cuando en su poema Circe le reprocha al héroe: ¿No estás cansado de matar/a aquellos cuyas muertes han sido predichas/y que están por ellos ya muertos?” Cuando Mitre señala estas dos “figuras literarias que modelan las máscaras poéticas a través de las cuales se oyen las voces impugnadoras del héroe: Circe, la amante abandonada, y Penélope, la esposa enclaustrada a la espera de su aventurero esposo”, se me viene a la memoria la Penélope de Blanca Wiethüchter, que en Ítaca (2000), en jornadas de tres días y tres noches, nos muestra su angustiosa espera  del retorno de Ulises; Wiethüchter la muestra como un sueño asumido por la poeta que comienza con el siguiente verso: “Hoy, Penélope, me estoy en tu nombre”. Para continuar con: “Anoche, más anhelante que dichosa, soñé con Ulises regresando a la isla.” Para culminar en “Otro día” (último capítulo del poema), con los siguientes versos:

Dime, ahora, Penélope,

¿crees tú que estoy despierta

o será que navego en las aguas de otro sueño?

Después de leer Odisea, libro vigésimo tercero, soneto de Borges; Ulises, de Eugenio Montejo, e Inscripción 178, de Raúl Zurita, me pongo a pensar en el triunfal retorno de Ulises que luego de la destrucción de Troya —en un viaje que duró 10 años— salió indemne de la furia de Poseidón, dios de los mares; Ulises, asistido por Palas Atenea, termina matando a los pretendientes de su fiel esposa Penélope, con ayuda de su hijo Telémaco. En sí se trata de un final feliz; en cambio, el retorno de Agamenón, que comandó las fuerzas griegas en la guerra de Troya —en versión de Sófocles— se encuentra con el rencor de Clitemenestra, su infiel y dolorida esposa, que le dio un baño de muerte, por haber sacrificado a su hija Ifigenia, para la gloria de sus huestes.

En cuanto a los poemas de los cuatro poetas bolivianos, Mitre resalta en Porque van diez años (1942), de Octavio Campero Echazú, el carácter testimonial de “la experiencia del regreso en una voz personal con claras resonancias colectivas”, al ser como señala Mitre “una cifra de esa alianza entre la copla tarijeña o chapaca y la poesía”. Pero hay algo más, algo que Harold Bloom avizora en Anatomía de la influencia (2011); Mitre, luego de citar un verso de Campero Echazú, observa analogías con otros poetas, al decir: “En esos versos melancólicamente eróticos, destaco la imagen largos cabellos color de tormenta”, digna de una regia tradición poética moderna sobre el mismo motivo: “Y al torcer tus cabellos apagaste el infierno” (Rubén Darío), “La cabellera que se ata hace el día/ La cabellera al desatarse hace la noche” (Huidobro); y una de las canónicas de Baudelaire: “Fuertes trenzas, sed que el oleaje me arrebate”. Como vemos, el universo poético de Mitre —como crítico y creador—es inmenso; de ahí que, aparte de José Eduardo Guerra, su antología Poetas contemporáneos de Bolivia (1919) y su Itinerario espiritual de Bolivia (1936), ningún poeta incursionó en la crítica de la poesía boliviana, con la profundidad con que lo hace ahora, en el libro que les comento.

Con Jaime Saenz, Mitre tiene una singular vivencia, al haber sido invitado por este poeta a pasar un día y una noche en su casa, en La Paz. Mitre vivía en Cochabamba y acababa de publicar su primera obra, Elegía a una muchacha (1965), que llamó la atención de Saenz que no vaciló en invitarlo. Desde luego que ese encuentro fue fructífero para Mitre, que entonces tenía 22 años y, Saenz, 44. Su elección del canto XXV de La piedra imán es una muestra de cuán profundamente Mitre conoce la obra de Saenz. Veamos el final de su análisis del poema: “El deseo apela a la escritura como a una piedra imán que lo atrae al presente, y eso es lo que hace Jaime Saenz en su gran obra poética y narrativa: escribir (revivir) la ciudad y los habitantes de su infancia y juventud para que vuelvan a nosotros por el imán de su escritura y esa piedra imán que es la lectura”.

De Pedro Shimose, Mitre eligió dos hermosos poemas: Escrito en el lago Tomichucua y Riberalta, ciudad donde nació Shimose. Podemos decir que Mitre y Shimose hoy son los dos más grandes poetas vivos de Bolivia. Genuinos y cimeros enarbolan dos espacios maravillosos de nuestra heredad: el occidente y el oriente, el altiplano y la selva. Ambos salieron exiliados. Mitre, luego del golpe de García Meza. No era político, pero no podía soportar los desmanes del narcodictador que segó a vida de Marcelo Quiroga Santa Cruz; en cambio, Shimose fue perseguido por Banzer, no solo por su labor periodística, sino por haber ganado el Premio de la Casa de las Américas de Cuba, con su poemario Quiero escribir, pero me sale espuma (1972). Mitre dice al respecto: “Poeta del exilio, Pedro Shimose expresa asimismo la experiencia del retorno en varios momentos de su obra. Si en Quiero escribir, pero me sale espuma (1972) manifiesta la profunda herida de la expulsión y la añoranza de su patria, en Boleros de caballería (1985) y Riberalta (1996) cifra la experiencia del retorno.

De Jesús Urzagasti, Mitre también elige dos poemas: Octubre de 1960 y El retorno. Por el primero, considera que Urzagasti es “Poeta del viaje”, por cuanto: “En esa trayectoria circular rememora un viaje en avión que, en rigor, es un viaje al pasado, más precisamente a un espacio en el pasado, el cual se encuentra a 30 años de distancia”. En cuanto a El retorno, Mitre dice: “Extraño camino el del regreso: el pasado, o el deseo de volver a él, se pone delante del presente y deviene el futuro. Pero ¿qué futuro?” Luego de citar un fragmento de ese poema, Mitre considera que: “El retorno conduce a una vía de ascesis, de desprendimiento, como en Vuelta, de Octavio Paz”.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia