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Los quejíos de la dama del poncho rojo

Un recorrido por los temas paradigmáticos de Chavela Vargas

El País / J. Molina C. pop y L. Almodóvar

00:00 / 12 de agosto de 2012

Aunque Isabel Vargas Lizano nació en Costa Rica, llegó a ser uno de los mitos vivientes de la música mexicana. Arribó al país azteca en una época de efervescencia cultural. Un tiempo en el que los artistas orquestaban la cultura indígena como vehículo de autoafirmación nacional. En ese ambiente, conoció a los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo, al novelista Juan Rulfo y al compositor José Alfredo Jiménez. Su imaginario quedó marcado para siempre por el México florido y espinoso  de los años cuarenta y cincuenta.

A comienzos de los sesenta, la apadrinó José Alfredo Jiménez, considerado el mayor cantautor de rancheras de todos los tiempos. Fue un momento decisivo en la historia de la música mexicana. El cantautor firmó sus temas más famosos, entre ellos: Que te vaya bonito. Emulando el talante provocador de Kalho, Chavela se encargaba de dar un toque picante a la música de Jiménez: vestía como un hombre, fumaba, bebía tequila y llevaba pistola.

En 1961 publicó su primer disco y desde entonces no paró de cantar hasta finales de los setenta. Uno de sus temas más exitosos fue Macorina, sobre la famosa prostituta cubana. Luz de luna, Volver, volver y Toda una vida se encuentran entre sus grandes versiones.

A finales de los setenta tuvo que retirarse debido a sus problemas de alcoholismo. Durante casi quince años poco se supo de ella, hasta que el cineasta Pedro Almodóvar dio un impulso a su música incluyendo los temas de la mexicana en su filmografía. Desde que sonó Piensa en mí en Tacones lejanos (1991), su figura resurgió con más energía que nunca. Su voz era aún más ronca que antes pero también su ímpetu era más ardiente. En esa segunda etapa musical y vital dio los mejores conciertos.

La voz de Chavela apareció en grandes producciones cinematográficas como Frida (2002) de Julie Taymor y Babel (2004) de Alejandro González Iñárritu. Con 91 años de edad presentó su disco, Por mi culpa, que incluye dúos con grandes artistas como Sabina, La negra chacra y la que muchos consideran su heredera musical, Lila Downs. Su versión de La llorona, un son oaxaqueño sin autor conocido, es casi un himno de ese México trágico, de ese folklore devoto de la muerte. Quizás, el tema más dramático de la cantante.

Si Lila es su heredera en México, Sabina es su alter ego afónico en el otro lado del charco. Poco después de conocerla el cantautor le dedicó uno de sus temas más potentes: En el bulevar de los sueños rotos. Son muchos los homenajes recibidos en 93 años, pero ninguno como esta canción para describir a la dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena, espejo de una vida derrochadora, apasionada y excesiva: “Se escapó de una cárcel de amor, de un delirio del alcohol, de mil noches en vela, se dejó el corazón en Madrid, quien pudiera reír, como llora Chavela”.

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