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La realidad histórica y la personal

Muñoz Molina escribe una obra maestra con Lisboa, su vida y la del asesino de Luther King

Memphis • El motel donde murió el líder de los derechos civiles en EEUU. Foto: missouristate.edu

Memphis • El motel donde murió el líder de los derechos civiles en EEUU. Foto: missouristate.edu

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 28 de diciembre de 2015

Otra novela que no es realmente novela porque se atiene a la realidad o, mejor, a dos realidades: una histórica, centrada en el asesino de Martin Luther King, y otra personal, la de un escritor que desde la madurez personal y el éxito absoluto recuerda sus titubeantes principios. Antonio Muñoz Molina maneja —con increíble maestría, como siempre— dos historias que tienen en común la ciudad de Lisboa y escribe otro libro rotundo, impecable. Se titula Como la sombra que se va y desde esta semana se puede encontrar en las librerías de La Paz.

Muñoz Molina vive a caballo entre España y Estados Unidos desde hace ya años y por eso es capaz de dedicar su escritura precisa y profunda a dos mundos que tienen mucho más en común que lo que en principio podría parecer. Sobre todo si se les aplica un enfoque tan universal como el que se encuentra en toda la obra de este escritor, que parece obsesionado con la construcción de la identidad propia y con la inestabilidad de lo que parece eterno, con cómo una vida puede quebrarse en un instante por un simple detalle que a veces depende de nosotros y a veces no. Todo se basa en si se toma la decisión de subirse a un tren o se deja ir o en si un funcionario archiva correctamente el certificado que le hemos entregado o lo traspapela.

Una casualidad de ese tipo llevó a Muñoz Molina a interesarse por la historia de James Earl Ray: antes de ser detenido, el asesino de Martin Luther King pasó una semana en Lisboa, la misma ciudad que el autor visitó para escribir la novela que le llevó a la fama.

Por eso Muñoz Molina se dedicó una inmensa tarea de documentación con la que pudo reconstruir minuciosamente el viaje, la ruina moral, la sordidez y la desdichada personalidad de Ray, un racista lector compulsivo de periódicos y de literatura de saldo, obsesionado con su imagen y que tiene mucho en común con el psicópata de Plenilunio, una de las varias obras maestras (como Sefarad o El jinete polaco) del escritor español.

Racismo. A partir de ahí el libro se interna en la personalidad de la víctima, Luther King, en la vigencia de los derechos humanos y la no violencia. La decadencia de muchos de los tan publicitados valores de la sociedad norteamericana queda retratada en la personalidad de Ray, un representante de las clases blancas más excluidas del país, a las que solo les resta el desprecio por los negros para, al menos, sentirse superiores a alguien.

Pero en Como la sombra que se va  Muñoz Molina también profundiza en sí mismo y en su pasado, en el crítico momento en el que pudo convertirse en un escritor mediocre y alcoholizado además de un funcionario gris de un pueblo aislado y un cabeza de familia por obligación. El viaje a Lisboa —que ocurrió igual que podía no haber ocurrido porque estuvo a punto de fracasar— le libró de ello y le convirtió en el gran escritor del que podemos disfrutar ahora.

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