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Atrás hay relámpagos

El director guatemalteco Julio Hernández Cordón apuesta por el antidramatismo en su más reciente película.

Escena del film 'Atrás hay relámpagos'

Escena del film 'Atrás hay relámpagos' Foto: YANERAMAI

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Zapata - Crítico de cine

00:00 / 21 de agosto de 2019

El director de origen guatemalteco que en 2010 obtuvo prestigio internacional con Las marimbas del infierno, filmada en su país; y produjo en 2015 su cuarto largometraje, Te prometo anarquía, que lo situó como una de las sensibilidades más interesantes del cine centroamericano. Tras ese paso por México, en 2017 estrenó Atrás hay relámpagos, filmada en Costa Rica sitúa a Julio Hernández como un cineastas internacional para su país, cuya cinematografía como la de otros países de la región viene cosechando simpatías, ya sea en la cartelera como en la programación de festivales y la crítica especializada.

En Atrás hay relámpagos el registro privilegia dos corporalidades que circundan el plano, exploran su expresividad y con ello modifican las interpretaciones sobre la temporalidad. En un San José periférico, Ana y Soledad vagan y planean tener algún empleo, deambulan en bicicleta pensando en un futuro que se simplifica en tener un taxi y poder salir de fiesta. No tener preocupaciones y hacer amigos parece ser el axioma de este puñado de jóvenes.

Privilegiando la espontaneidad y el despliegue en el plano de las actrices, Hernández opta por construir un espacio expresivo que se edifica sobre planos secuencias, conservando la fluidez y la libertad que ofrece el permitir las acciones con escasas instrucciones en su ejecución. Esto coadyuva al proyecto que ofrece cotas antidramáticas al espectador. Precisamente este elemento, antidramático, es algo que el cine contemporáneo refuerza y atiende, muchas veces de manera eficiente y atinada, otras, las más de las veces, por inseguridad se opta por fugas narrativas e impostación de elementos visuales ajenos al universo planteado. Este no es el caso de Atrás hay relámpagos, pues esta pieza tiende a sacrificar posibilidades próximas al guion a favor de una puesta en escena fluida y continua.

Una estrategia habitual en algunos guionistas directores es la de construir el relato y puesta en escena en torno a un par de escenas, las cuales sintetizan sus películas, Hernández en esta pieza no escapa de este enunciado. Sus escenas pueden operar como síntesis de la obra, entendiendo que las imágenes que le antecedieron fueron un preámbulo para la irrupción y presencia del plano o escena del motivo principal de las películas, este gesto recurrente en el cine, considerado antidramático, puede generar dificultades interpretativas, como suele ocurrir. Sin embargo, la vocación antidramática del cine actual, que posee interesantes exponentes en nuestra región, tienden a construir universos visuales lo suficientemente potentes para sortear las usuales demandas narrativas por parte del público exigente.

Atrás hay relámpagos —que se exhibe a las 18.00 y 20.00 en la Cinemateca Boliviana (Óscar Soria 100), distribuida por Yaneramai— refresca las pantallas locales. Sin estridencias ni grandes transformaciones argumentales, esta cinta permite acercar a la audiencia a un cine menos pedagógico, espectacular y edulcorado con un puñado de actores, imágenes subyugantes y en un lugar ciertamente desconocido como es San José. 

Ficha técnica

Título original: Atrás hay relámpagos

Dirección: Julio Hernández Cordón

Guion: Julio Hernández Cordón

Fotografía: Nicolas Wong

Reparto: Adriana Álvarez, Natalia Arias, Lou Uba,

Francisco Matamoros, Álvaro Marenco, Gato Ortiz

Producción: De Raiz Productions, Melindrosa Films y Rey Poeta.

Costa Rica – México (2017)

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