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Cuando ronda la muerte

Una antología recoge 20 cuentos sobre la muerte, cinco de autores bolivianos

Muerte • Grabado del artista mexicano José Guadalupe Posada. Foto: José Guadalupe Posada

Muerte • Grabado del artista mexicano José Guadalupe Posada. Foto: José Guadalupe Posada

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 16 de noviembre de 2014

La editorial española Demipage acaba de publicar Disculpe que no me levante, una antología de cuento que reúne a 20 autores latinoamericanos en torno a un único tema: la muerte.

El tema puede o no llamar la atención. Pero lo que sin duda lo hace es que de los 20 escritores latinoamericanos seleccionados, cinco sean autores bolivianos. En el volumen figuran cuentos de Sebastián Antezana, Maximiliano Barrientos, Rodrigo Asbún, Giovanna Rivero y Liliana Colanzi. Un signo, quizás, de que la narrativa boliviana reciente ya ha encontrado nuevas y más amplias audiencias.

 Esas rutas literarias, las de la muerte, “hunden sus raíces en la vida”, escribió el periodista español Winston Manrique Sabogal en una nota publicada en El País de Madrid el 11 de noviembre. “Y deberían ser tratadas —continúa— con la misma óptica o técnica que el resto de historias, pero con cierto cuidado”. Y enseguida recoge la opinión de Sebastián Antezana que participa en la antología con su cuento Si contarlo está en tu poder. Dice Antezana que el tratamiento de la muerte no debería ceder “ante los extremos del sentimentalismo, la ornamentación o la truculencia, porque si se lo hace se corre el riesgo de hacer demasiado ruido y opacar el texto. Ficcionalizar la muerte requiere de equilibrio y mucha edición, es complejo por todas las implicaciones que trae la idea de muerte y su condición de punto de encuentro de pulsiones y tensiones varias, pero no más complejo que, digamos, escribir una escena de sexo o un buen diálogo”.

La nota de El País también recoge las opiniones de otro de los autores bolivianos Maximiliano Barrientos. “Para escribir sobre cualquier tema doloroso —explica el autor del cuento Moscas—, un escritor no necesariamente tiene que haber pasado por una experiencia traumática, pero sí tiene que estar ligado a ésta ya sea por el miedo o por la obsesión. A veces el miedo de perder a las personas amadas es un motor narrativo más poderoso que el luto de la pérdida real. Hay que escribir sobre aquello que late en la cabeza, no importa qué tipo de voz sea la que suena”.

Al mundo de los sepultureros entra, por su parte, la escritora uruguaya Fernanda Trías en su cuento Cuerpos extraños. Trías fue invitada a la última Feria Internacional del Libro de La Paz, y, más recientemente, al encuentro de escritores iberoamericanos que se realizó en Santa Cruz de la Sierra.  

“Al pensar en la muerte pensamos en el que muere o en los que padecen la ausencia” —dice Trías, según el artículo de Manrique Sabogal. Y recuerda que “los sepultureros deben lidiar con lo más prosaico, los restos materiales de la muerte, lo que nadie quiere ver, ni siquiera imaginar. Son seres fantasmas que asociamos con frialdad y desinterés. Y sin embargo allí hay una persona, con vida, con hijos, con problemas. El sepulturero está envuelto en la niebla del tabú y me interesaba rescatar esa voz, dejarlo hablar”.

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