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Más sabe el diablo por viejo...

La Fraterniad Artística y Cultural La Diablada de Oruro cumple 70 años. La revista Historias de Oruro le dedica su último número

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 16 de febrero de 2014

El baile de los diablos nació entre los mineros de Oruro, luego se difundió entre los artesanos de la ciudad y más adelante entre los mañazos —carniceros—. En los primeros años de la década de los 40 del siglo pasado, llegó también a las clases medias. “Ése es el origen —cuenta Fabrizio Cazorla Murillo, director de la revista Historias de Oruro— de la Fraternidad Artística y Cultural La Diablada.

A esta agrupación tradicional del Carnaval de Oruro —que este año celebra su 70 aniversario— está dedicado el número 24 de la publicación dirigida por Cazorla. Y muchas voces fueron convocadas para contar esa historia.

El grupo que dio origen a la Fraternidad —autodenominado Los Jarros— hizo su primera incursión en el baile de la diablada “a la cola” del grupo de los mañazos en la entrada del Carnaval de 1942, cuentan Fabrizio y Maurice Cazorla Murillo en un extenso artículo de Historias de Oruro. Aunque la presencia de los ‘pijes’ —una alusión a su origen no popular— no “fue muy bien acogida por los diablos mañazos”, lo cierto es que ese año sentaron presencia en la fiesta orureña.

Dos años después, en 1944, la diablada de los mañazos —incluidos los ‘pijes’— viajó a La Paz para presentar su espectáculo como parte de las celebraciones del 16 de Julio. Eran los tiempos del gobierno de Gualberto Villarroel. La prensa local creó expectativa sobre su llegada.

“Nunca el pueblo paceño había admirado a los diablos —dice el artículo de los hermanos Cazorla—. La inusitada revuelta de la prensa permitió que la población espere con impaciencia la presencia de la delegación infernal, invitando a la gente a que se vuelque a la estación del ferrocarril.  Así arribaron a La Paz al menos 80 bailarines llevando consigo sus atractivos atuendos y sus máscaras de carácter, rodeados de muchos curiosos y de residentes orureños que se dieron cita a recibirlos”.  

Los reportes de la prensa paceña dan cuenta de una exitosa presentación. Sin embargo, —quizás por aquello de que el diablo no sabe para quien trabaja— a causa “de un polémico informe sobre las recaudaciones de las entradas” —como se lee en el mencionado artículo—  mañazos y ‘pijes’ terminaron por separarse.

Estos últimos, no obstante, no descansaron. La investigación de los hermanos Cazorla establece que en septiembre de 1944, una veintena de ‘pijes’ decidió fundar una nueva agrupación. Y lo hizo —el detalle es preciso y precioso— “en el quiosco de dulces de Luis Arraya, ubicado en la calle Bolívar y Presidente Montes”.  

El resto es historia. Una larga historia de 70 años que se destaca por las innovaciones que la Fraternidad introdujo a lo largo del tiempo en la coreografía, en la vestimenta y en la música del baile de los diablos.   

En una consideración más amplia, Fabrizio Cazorla relaciona el desplazamiento del baile de la diablada de los sectores populares —como los mañazos— a las clases medias orureñas con los cambios sociales que sucedieron en el país después de la Guerra del Chaco.

La Fraternidad Artística y Cultural La Diablada a partir de su fundación, en 1944, desarrolló una serie de actividades paralelas a su participación en la entrada del Carnaval. Parte del universo simbólico tradicional del baile de los diablos es la representación de un “relato” que escenifica la lucha entre el bien y el mal. Este relato popular de representación callejera fue llevado por la Fraternidad en 1947 al principal teatro de la ciudad de Oruro.   

Una nota del periódico La Patria de esa ciudad del 15 de febrero de 1947, citada en el artículo de los hermanos Cazorla, dice al respecto: “La representación de los diablos que en tiempos remotos siempre se hizo en las plazas y a las que generalmente llegaban  tan solo las gentes de nuestro pueblo, ha sido trasladada a la escena y se dio una versión completa en tres actos que fueron muy bien interpretados”.

“Estas veladas —concluye el artículo de los  hermanos Cazorla— trasladaron la cultura popular a los grandes salones. La diablada y el Carnaval de Oruro ya no eran vistos como una demostración subalterna”.

Historias de Oruro es una revista de divulgación histórica que se publica desde 2010. Sus páginas dan especial énfasis al material fotográfico considerado como memoria y como documento histórico. El número 24 de la publicación fue presentado el  jueves en el Espacio Simón I. Patiño de La Paz por su director y por el historiador y director de la Biblioteca de la Asamblea Legislativa Plurinacional, Luis Oporto Ordóñez.  

La revista se distribuye en La Paz en Escaparate Cultural (Av. 6 de Agosto 2170) y en la caseta número 6 del Pasaje de los Libros Marina Ñúnez del Prado.

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