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El secreto está en los árboles, cestería y maderas

La Reunión Anual de Etnología recorrerá este año cada eslabón del  proceso de producción con materiales vegetales.

Artesanía. Horcón de los Hermanos Guasase, San Ignacio de Velasco. Arriba: piezas prehispánicas, colección del Musef. Foto: Musef

Artesanía. Horcón de los Hermanos Guasase, San Ignacio de Velasco. Arriba: piezas prehispánicas, colección del Musef. Foto: Musef

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / Periodista / La Paz

00:00 / 27 de agosto de 2017

Los chimanes dicen que el ser humano proviene del árbol. No solo eso, ellos cuentan que los blancos se originan de las maderas claras —como la balsa y el palo santo—, mientras que identifican a su pueblo como hijo de especies oscuras, como la chonta. Así explican su fuerza y su capacidad ancestral de resistir los embates de la selva. Esta estrecha relación entre el hombre y el mundo vegetal —con sus múltiples visiones— se abordará desde este lunes en la XXXI Reunión Anual de Etnología (RAE 2017), La rebelión de los objetos: cestería y maderas, organizada por el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef).

El evento es fruto de un plan quinquenal iniciado en 2013 —y encabezado por la directora del Musef, Elvira Espejo— bajo el techo del concepto de “la rebelión de los objetos”, en que profesionales y expertos de diferentes ámbitos han compartido conocimientos sobre cada eslabón de los procesos productivos —desde la obtención del recurso natural hasta su procesamiento, así como la vida social del objeto— de tejidos, cerámica, arte plumario y metales y metalurgia. Este año, la cestería y las maderas son el centro de estudio. “Tenemos en la colección del Musef más de 1.500 piezas vinculadas con estos rubros; se trata de material etnográfico de tierras altas y tierras bajas. Buscamos conocer por dónde van las investigaciones en la actualidad, para eso recurrimos a biólogos, arqueólogos, historiadores, antropólogos, artesanos y otras personas que trabajan en estos rubros”, explica el coordinador de la RAE, el antropólogo Milton Eyzaguirre.

Hugo Chavarría, de Villa Serrano, hace charangos. 

En el evento —que comienza mañana a las 19.30 y culmina el viernes a las 21.00 en instalaciones del Musef (Ingavi 916)— participarán especialistas que intervienen en cada etapa del trabajo en madera y fibras vegetales: los responsables de la obtención, el tallado, la cestería y el manejo de recursos renovables como la totora, el chuchío, la jatata y otras cañahuecas que forman parte de los contextos locales.

El evento contará con cuatro mesas redondas, además de submesas, exposiciones, presentaciones musicales y ponencias magistrales. Entre estas últimas destacan La identificación de maderas de colecciones arqueológicas de museo del noroeste de Argentina y su aporte al estudio de la circulación interregional en el pasado, de Marina Sprovieri (Argentina) y Flautas de cañahueca - aproximación acústica, del francés Arnaud Gérard, sobre la variedad de tonalidades en los instrumentos de viento andinos.

En la exposición se mostrarán 25 variedades de maderas, descritas en detalle. Algunas incluso con los nombres propios que se usan en la región. “El trabajo con la madera es asombroso. Por ejemplo, está el uso de horcones, esos pilares que sostienen las construcciones, sobre todo en la Chiquitanía. Se los encuentra a precios que van desde los 700 bolivianos hasta los 1.800 dólares, según la calidad del trabajo del artesano”, agrega Eyzaguirre.

De la madera y las cañahuecas han surgido instrumentos musicales que revelan cosmovisiones únicas. “Presentaremos dos grupos de artesanos: uno trabaja la lógica y la filosofía musical en el contexto andino y el otro está dedicado a los charangos, que dependen de los distintos tipos de madera en determinadas partes del charango. Se podrá apreciar el valor que tiene el tratamiento de la madera, el pegado, el barnizado y el grosor de la madera”.

Una de las principales potencialidades de la RAE es la multidisciplinariedad. “Cientistas y artesanos provienen de dos lógicas de conocimiento que tienen el mismo valor y peso, solo que surgen desde diferentes perspectivas”, dice el antropólogo.

¿Por qué estudiar estos objetos? Por ejemplo, pueden describir el impacto de la modernidad, que pone en peligro este diálogo entre la naturaleza y el hombre. “Hay maderas que se dejaron de utilizar y están presentes en la historia arqueológica de nuestros pueblos. Hay posturas que afirman que en la zona altiplánica había una foresta grande y que sus árboles se utilizaron en la explotación de las minas. Parece algo evidente: en Quime se cultiva el eucalipto, una planta que llegó de Australia, ¿qué se usó antes?”.

Por eso el hombre vuelve la mirada al árbol: le servirá para entender su presente y proyectar su futuro.

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