Tendencias

Los sentimientos se disuelven

El estilo conciso e intenso de Hasbún da un paso adelante en su destacable última novela

Versiones • Distintas voces narran solo una parte de la historia. Foto: casadellibro.com

Versiones • Distintas voces narran solo una parte de la historia. Foto: casadellibro.com

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - periodista

00:00 / 23 de agosto de 2015

Con su segunda novela, Los afectos, recién publicada en Bolivia por la editorial El Cuervo, Rodrigo Hasbún ha tenido la delicadeza de dejar bien a aquellos que llevan años anunciándole como uno de los narradores jóvenes de lengua española con mejor futuro. Al cochabambino le quedan aún muchas oportunidades por aprovechar —solo tiene 35 años— pero con Los afectos su escritura ha dado un paso adelante, se ha hecho más que merecedor de esos halagos y apunta a ganarse muchos otros.

Respecto a El lugar del cuerpo, su primera obra larga, el progreso de Hasbún resulta espectacular. Ha afianzado su dominio de la técnica de contar y callar, de ofrecer solo los datos indispensables de la historia y dejar el resto a la interpretación del lector, en cierto modo invitarle a que escriba su propia novela a partir del esqueleto básico, pero robusto, que está leyendo.

Esta concisión al narrar funciona gracias a que ahora Hasbún maneja mucho mejor las tijeras de podar. Según cuenta él mismo, su método consiste en, primero, escribir rápido y de un tirón y luego darse un tiempo bastante más largo para cortar y dejar en el texto nada más que lo esencial, de manera que los detalles queden latentes, que estén ahí pero que no se vean. Se podría considerar que en El lugar del cuerpo se le fue la mano aplicando esta técnica, y que la novela quizás resultase seca, imprecisa y fría porque las frases que se quedaban en el cajón eran esenciales para que la historia enganchase del todo al lector. Pero en Los afectos Hasbún sí ha sabido encontrar los lugares justos para dar el tajo.

Así, la novela se construye con las miradas de la familia Ertl sobre su propia vida. El narrador y tres de los protagonistas —no habla Mónika, que podría considerarse el personaje principal— toman la palabra y alternan puntos de vista y voces para referirse solo a una parte de lo más importante que les ocurre. Los acontecimientos que realmente marcan a la familia parecen borrosos, no se narran con detalle, pero el lector los comprende. Algo normal dentro de una familia, donde no se necesita decirlo todo explícitamente para compartir noticias y sentimientos. En este libro, tampoco.

Ya desde el título los sentimientos, y no los hechos, centran la novela. Y los sentimientos se basan en los recuerdos, que están en algún lugar entre el cerebro y el corazón donde “las cosas se desfiguran y se pierden. Así también terminamos alejándonos de la gente que amamos”, según dice el epílogo de Los afectos. Una dolorosa verdad en la que profundiza la estupenda obra de Hasbún mostrando cómo el amor que une a los Ertl no basta para impedir que los años, la distancia, el polvo y las telarañas logren disolver lo que en un principio fue una ilusión compartida, un viaje familiar e intrépido para descubrir juntos un tesoro perdido en la selva.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia