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Andrés Guzmán Valdez: ‘Mozart dio genialidad a lo sencillo’

El joven músico y director de la Orquesta Sinfónica Juvenil encabezó la ‘Sinfonía 25’ del maestro del clasicismo nacido en Salzburgo.

Presentación de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Presentación de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

La Razón (Edición Impresa) / Ignacio Vera de Rada / Escritor y Periodista

00:43 / 05 de diciembre de 2018

Frente a un auditorio que se dio cita la noche del 23 de noviembre en el Centro Sinfónico Nacional (Ayacucho), Andrés Guzmán-Valdez, músico y director de la Orquesta Sinfónica Juvenil (OSJ), ofreció al público varias piezas de maestros de la música universal, como Edvard Grieg, Arvo Pärt, Charles Gounod y Henry Purcell, entre otros. El evento se llamó In memoriam. Definitivamente, el público se estremeció cuando comenzaron a volar las notas de la Sinfonía 25 de W. A. Mozart. Dando la espalda al público, Guzmán movía sus manos mientras los intérpretes frotaban las cuerdas de violines, violas y violoncelos y los oboístas soplaban sus instrumentos, dando vida a la 25 del genio austriaco.

— ¿Por qué elegir la ‘Sinfonía 25’ para esta ocasión?

— El programa (el concierto In memoriam) estaba dedicado a la muerte, pero la Sinfonía 25 no tiene una relación directa con la muerte, su historia no tiene nada que ver. Cuando hablamos de la muerte, generalmente hablamos de tristeza, y en la música la tristeza se relaciona o muestra con el tono menor. El clasicismo es un periodo en que muy rara vez se utiliza el tono menor, en el barroco se utilizaba, pero en el clasicismo se dejó de usar. Mozart tiene dos sinfonías escritas en este tono: la 25 y la 40, que están en Sol menor. Ahora bien; el Sol menor tiene alguna relación con la muerte, no tan directa como el Re menor (del Réquiem, por ejemplo), pero en algunas de sus óperas, cuando la literatura está relacionada con la muerte, se presenta el Sol menor. Es por esto que elegí esta sinfonía, para combinarla con la temática del programa.

— ¿Cuál es el principal reto que como director, y desde el punto de vista musicológico-técnico, tuvo que afrontar para llevar a cabo la ejecución de esta obra de Mozart?

— La interpretación de Mozart requiere algunas características específicas que no siempre los chicos, en el nivel en el que están, son capaces de hacer. Hay cosas que les cuesta mucho, cosas muy delicadas. Cuando en Mozart falla algo, ¡listo!, falló. En otros compositores posteriores, si falla algo, se puede disimular; en Mozart, no. Entonces, necesitábamos cierta característica de energía, para esta sinfonía, que la hemos logrado, pero también cierta delicadeza, en cuanto al carácter. Son cosas que me han costado conseguir.

— Teniendo en cuenta que Mozart escribió solo una parte de su obra en tonos menores, ¿hay algún elemento particular para tomar en cuenta al momento de interpretar estas piezas?

— Justamente: no puedes tocar una pieza en tono menor de Mozart como si tocaras cualquier otra. Necesita entenderse de una forma especial porque es especial. Mozart no componía mucho en tono menor. Entonces, sí, efectivamente, hay que tomar en cuenta el hecho de que la pieza es menor y dar énfasis a ciertas armonías, texturas y colores.

— De los cuatro movimientos de la presente pieza, ¿cuál es el más pasional y cuál el más mesurado?

— El primer movimiento (Allegro con brio) es muy enérgico. No es un tono menor de tristeza, es un tono menor de turbulencia. Es lento, es como si algo pasara. El segundo movimiento (Andante) es más bien muy calmado; lo que Mozart hace es dar acentos para cada instrumento en distintos momentos; no se siente una unidad, es disgregado, pero de una mayor alegría porque está en tono mayor, pero hay algo que no concuerda… El tercer movimiento (Minueto) es muy elegante, como es normal de los minuetos. Y el cuarto movimiento (Allegro) es una melodía que es como la resolución o la síntesis de todo el resto de la sinfonía; tiene incluso elementos que pertenecen a los otros tres movimientos.

— Teniendo en cuenta que este genio de Salzburgo fue uno de los músicos más virtuosos de todos los tiempos, ¿qué significado tiene interpretarlo en nuestro tiempo y en nuestro contexto?

— Es realmente necesario. He hecho un análisis para hacer un proyecto de dos años con la OSJ, y uno de mis objetivos era poner sí o sí una sinfonía de Mozart, porque creo que es necesaria para los muchachos, para que puedan tener un desarrollo musical integral. Mozart debe estar presente. No solamente sus sinfonías, tenemos algunas otras cosas de él. Mozart es fundamental para la educación y el aprendizaje musicales.

— Desde su punto de vista personal, ¿cuál es el significado de Mozart para el arte en general?

— Mozart era un genio. En consecuencia, es muy interesante la forma en él que manejaba todo. Respecto a otros músicos de otros periodos, Mozart simplificó las cosas respecto a, por ejemplo, la música del barroco. Lo que él hacía era darle genialidad a lo sencillo, a lo simple, que es una de las cosas más difíciles de lograr. Beethoven, por ejemplo, era más pasional, mucho más… en la forma y en el fondo. Tú puedes hacer cosas muy complicadas en el arte, pero hacer cosas que sean completamente geniales con elementos muy simples es un poco difícil, y eso mismo es lo que Mozart hizo con su arte.

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