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Del sueño a la pesadilla

Una monumental exposición sobre 15 años cruciales para el arte ruso conmemora en la Royal Academy de Londres el centenario de la Revolución de Octubre.

Visiones. ‘El paseo’, de Marc Chagall (1918).

Visiones. ‘El paseo’, de Marc Chagall (1918). Foto: pinterest.com

La Razón (Edición Impresa) / Ángeles García - El País

00:00 / 05 de marzo de 2017

Como en una certera y ambiciosa autopsia, las circunstancias de la vida y la muerte del arte relacionado con la Revolución Rusa, evento crucial del siglo XX del que se cumplen 100 años, quedan desveladas en una exposición que abre al público el próximo sábado en la Royal Academy de Londres. Como monumental se puede definir la muestra Revolución: arte ruso entre 1917 y 1932, que, a partir de más de 200 obras, se propone describir de manera minuciosa lo ocurrido entre el año cero del sueño de octubre que degeneraría rápidamente para acabar en pesadilla en 1932, cuando Stalin comenzó la represión violenta de la vanguardia.

En medio, el recorrido de la exposición traza un relato de 15 años durante los que los creadores pasaron de celebrar la revolución con una vitalidad y una variedad hasta entonces desconocida a darse de bruces con una realidad que les depararía la muerte, el encarcelamiento o exilio a muchos de ellos. Los comisarios han organizado la exposición de manera cronológica en un itinerario que mezcla las pinturas de los artistas más conocidos (Chagall, Kandinsky, Malevich, Tatlin, Brodsky, Deineka, Mukhina y Samokhvalov) junto a documentos, fotografías, porcelanas, carteles y proyecciones de películas propagandísticas.

Hasta el momento, explicó uno de los curadores durante la multitudinaria presentación a la prensa internacional, las exposiciones que se han dedicado a este periodo han mostrado por un lado a las vanguardias y por otra al realismo socialista. “La novedad de esta muestra es que por primera vez ambas tendencias se estudian de manera conjunta. Nos hemos inspirado en la gran muestra de 1932 celebrada en el Museo de Leningrado (hoy San Petersburgo) donde se presentó una gran diversidad de arte ruso de los primeros 15 años tras la revolución, combinando y contrastando las diversas manifestaciones artísticas”. Las obras proceden del Museo de San Petersburgo, de la Galería Estatal Tretiakov de Moscú y de otras valiosas colecciones privadas internacionales.

En el arranque están los grandes retratos de los líderes de la revolución, unas imágenes que, contempladas desde la altura de un siglo, han perdido la sensación de confianza y triunfo con las que fueron concebidas. Son obras agrupadas bajo el explícito título de Saludo al líder y en las que se muestra a Lenin y a Stalin en primer plano y con grandes manifestaciones al fondo. O en escenas extrañamente cotidianas como en la que se ve a Stalin sentado en una butaca, leyendo un periódico y un perro dormitando a sus pies. El autor es Gorky Rublev, quien junto a Isaak Brodsky, firma gran parte de las obras de este apartado.

La importancia del hombre y la máquina como alianza esencial para transformar un país de campesinos analfabetos, es otro de los temas profusamente abordados por los artistas. Las obras de Alexander Deineka, máximo exponente del arte oficial soviético, muestran hombres y sobre todo mujeres de aspecto contundente y expresión siempre alegre trabajando en el campo o en las fábricas. Héroes anónimos y vigorosos que poco tenían que ver, como se recuerda en la exposición, con los miles y miles de trabajadores que sucumbieron al hambre, al frío o bajo las nuevas máquinas que no sabían manejar, pero que eran esenciales para sacar el país de la hambruna y del retraso.

  • Visiones. ‘Stalin y Voroshilov en el Kremlin’ (1938) de Alexander Gerasimov. Foto: wordpress.com

A modo de puente en la narración, la exposición dedica una sala completa a Kazimir Malévich, el artista que por sí mismo representa la esencia de la vanguardia de este periodo. Pionero de la abstracción geométrica, inventor del suprematismo y del cuadrado negro, en 1920 fue denunciado por los peligros antirrevolucionarios de su manera de entender el nuevo arte. De Malévich se exponen 30 pinturas y proyectos arquitectónicos concebidos por el artista para ser contemplados de manera conjunta.

Siguen las recreaciones de los estilos de vida en las nuevas ciudades, del destino de los campesinos o las imágenes de la Rusia eterna, cuyo máximo representante es Marc Chagall y su obra El Paseo (1917-18). La utopía de Stalin explora sus gigantescos proyectos públicos y la oscura realidad de su visión utópica del progreso a través de espectaculares fotografías y fotomontajes ideados para sobrecoger a la población y dar un mensaje al mundo de su inmenso poderío.

El largo y denso recorrido por las salas concluye con un impactante memorial dedicado a los artistas que pese a su colaboración y entusiasmo iniciales fueron cayendo como víctimas del estalinismo. Sobre una pequeña pantalla a oscuras se proyecta la foto y la ficha de cada uno de los creadores que acabaron en las cárceles o en el exilio. Y se recuerda que con la proclamación de un método artístico único, el realismo socialista, los artistas ya no eran necesarios para el régimen. Se abría un nuevo periodo, sin alternativas, de desarrollo de la cultura soviética: la época estalinista. Muchos, como decía Pablo Picasso, habían ido al comunismo como quien va a un manantial de agua fresca y lo dejaron como quien sale de un río envenenado.

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