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Entre la tradición y la innovación

A propósito de la exposición ‘Incisiones’, de Liliana Zapata, que se inauguró el miércoles en el Museo Nacional de Arte

escultura. Tres obras de Liliana Zapata. Planos de papel o metal plegados que gracias a precisas incisiones adquieren volumen.

escultura. Tres obras de Liliana Zapata. Planos de papel o metal plegados que gracias a precisas incisiones adquieren volumen.

La Razón / Joaquín Sánchez - artista curador

00:00 / 31 de marzo de 2013

En los últimos años, el arte contemporáneo ha tenido una creciente producción escultórica que responde no sólo a nuevos retos espaciales, sino a un debate conceptual que ha cuestionado límites, roto etiquetas y, por lo tanto, ha abierto nuevos horizontes en el arte. Una escultura existe en un espacio de una manera única y crea una conectividad profunda dentro del caos de nuestras vidas.

Las propuestas de Liliana Zapata responden a inquietudes personales que derivan de cuestiones ontológicas que a su vez la mueven al reencuentro con la forma. A partir de algo tan cotidiano como el papel, Zapata nos enfrenta a una obra que se acerca a la arquitectura como manipulación espacial para abrir la puerta a una reflexión estética. Detrás de esta puerta está la posibilidad de un análisis sobre los procesos de pensamiento. Puedo decir con certeza que a partir de aquí, se traza una nueva ruta en la escultura boliviana.Primer corte. De lo micro a lo macro y la obsesión de abrir heridas. Planos de metal plegado que gracias a minuciosas incisiones, permiten levantar el volumen, creando blancas construcciones que tienen su génesis en el ejercicio obsesivo de crear ciudades enteras. Arquitecturas silenciosas que dan cimiento a maquetas para esculturas monumentales.

Estos trabajos nacen del lienzo blanco del papel en el que se dibujan dolorosos trazos geométricos que posteriormente emergen en metal como seres vivos sin perder la memoria de su origen. Estos precisos tajos nacen aparentemente de un cálculo exacto y racional, como pentagramas silenciosos que facilitan el surgimiento de un sentimiento musical tan minucioso como delicado.

El dominio técnico de las piezas nos implica y su aparente racionalidad  nos remite a la experiencia de estar frente a un lienzo en blanco, paralizados en un instante de tiempo interrumpido. La práctica de cortar y trabajar en maquetas nos recuerda a la corriente Neo Concreto de la década de los 60 que favorece la no-representación de los objetos y cuyos principales exponentes son los brasileros Ligia Clark, Amilcar de Castro y Ferreira Gullar. Aquí reaparece la preocupación por la experiencia del instinto, pero argumentada por una tradición contemplativa y telúrica de la escultura boliviana. Liliana Zapata no está preocupada por las modas del arte contemporáneo; su necesidad es entender su proceso desde adentro y vivir el momento que le toca.  Segundo corte. De lo macro a lo micro. De la piel para dentro y volver al barro. Contrariamente a la racionalidad geométrica de su práctica anterior, ahora crea esferas perfectas que guardan los secretos de un mundo donde hay que hacerse pequeño para habitarlo. Dentro de esta piel esférica existen formas orgánicas que sugieren un mundo musical como aquellos objetos sonoros con que los niños llegan al sueño. Experiencias elementales de lo lúdico que nos introducen a un juego imaginario cuyas reglas no han sido escritas.

Contrariamente a las esculturas de metal, estas esferas no pasan por procesos de calor por donde normalmente pasan las cerámicas para mayor conservación. Liliana Zapata juega con estos objetos maleables frágiles que podrían tener una vida corta. Es una negación de la técnica del proceso escultórico cuyo material finalmente volverá a su estado natural, hace de la pieza una escultura-dibujo y le permite su ingreso a la escultura contemporánea que en los últimos años ha ampliado su campo de acción a otros soportes y disciplinas.

La obra niega con la misma vehemencia el mito universal que toda escultura después del minimalismo estadounidense debe mantener un vínculo con los registros de producción tecnológica e industrial a fin de arraigarse profundamente en la mitología de la tecnología. Las esferas están íntimamente ligadas a una historia personal gracias al barro que crea filigranas interiores con la delicadeza de una pieza de orfebrería que crea un mundo para luego ocultarlo.Tercer corte. Fotografía de la escultura, la liviandad de lo pesado. Una práctica importante de Zapata es fotografiar sus esculturas con la necesidad de volverlas pinturas blancas o simplemente con la obsesión de quitarles el peso. Nos remite al concepto de foto-gravedad de Gabriel Orozco, que investiga sobre el peso de la escultura. Meciéndose en este espacio, la artista crea un juego visual cuyas raíces están el Op-art. Así, las esculturas regresan a su esencia bidimensional y plana, por siempre condenados a ser simples hojas blancas de papel, pero con la memoria del trazo perfecto caminado por el filo de un bisturí.

Hablar de lo contemporáneo es apenas nombrar ciertos rasgos de nuestro tiempo que sugieren distintas maneras de existir en el presente.  El arte nos ayuda a entender y a entendernos y, como dice el crítico de arte paraguayo Ticio Escobar, a entender nuestra propia contemporaneidad, con nuestros propios ritmos y hallazgos. Si la escultura continúa respondiendo a nuestras necesidades culturales, con seguridad veremos una continua expansión.

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