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A través del alma: Carlos Fischer

Esta noche, en el Teatro Municipal, la guitarra de Carlos Fischer y el piano de José Sánchez

Fischer. Hoy presenta su último disco. Foto: Fischer

Fischer. Hoy presenta su último disco. Foto: Fischer

La Razón (Edición Impresa) / Nicolás Peña- Melómano

00:00 / 13 de abril de 2014

Los dúos en la música generan un diálogo en el que es indispensable el respeto constante entre los ejecutantes. En un dúo no hay excusas, no hay mentiras. La interacción que se presenta requiere de una sensibilidad y una solvencia musical que es vital para el éxito de la travesía.     Cuando este viaje musical se lleva a cabo entre dos instrumentos que provienen de una misma familia, el riesgo de naufragio suele ser más probable. El caso del noviazgo entre el piano y la guitarra es un ejemplo de ello al tener estos dos instrumentos ancestros comunes. Las armonías que emergen de su tejido musical suelen “cruzarse” generando una masa de cuerdas demasiado saturada y enredada. Pero cuando el diálogo es sincero, comprometido, profundo, y el sentimiento está por encima de la técnica, la magia que se hace presente puede brindarnos un deleite musical único.    Recuerdo cuando escuché por primera vez el dúo que grabaron Bill Evans y Jim Hall en 1962 mostrando de manera magistral cómo conjugar dos diferentes maneras de encarar el jazz en una obra única, original e influyente. La calma de Evans, su enorme piano que danza y fluye como ninguno y la poesía de cada una de sus notas, se suman a la creatividad infinita de Hall, a la forma particular que tiene de recorrer su guitarra con agilidad, agudeza y vuelo. Intercambiando ideas hermosas, conversando con parsimonia e inteligencia, los dos instrumentos construyen una amalgama de perfección, disfrutable no sólo para los amantes del jazz, sino para cualquiera con interés en escuchar una de las más grandiosas grabaciones de la segunda mitad del siglo XX.Hace poco, un viaje inesperado a la ciudad de los anillos me permitió encontrarme con el guitarrista y compositor boliviano Carlos Fischer que generosamente me obsequió su flamante producción musical bautizada A través del alma, un disco a dúo entre piano y guitarra. Le manifesté mi preocupación por el ya explicado conflicto que puede convertir estos dos instrumentos en una yedra musical. Carlos asintió la cabeza humildemente y con una mirada sincera y cálida me dijo: “escúchalo por favor”. Antes de disparar el “play” pasaron por mi cabeza aventuras maravillosas de las travesuras de estos dos instrumentos: Brad Mehldau y Pat Metheny, Michel Camilo y Tomatito, y algunos otros. Comenzó a sonar el primer tema y respiré tranquilo al sentir cómo los caminos armónicos de ambos tenían una senda bien definida que permitía una verdadera conversación. Se siguieron sucediendo los temas uno tras otro, aromas flamencos, insinuaciones orientales, aires de bossa, texturas jazzeras, intensidades rockeras y melancolía blusera permitían que las melodías compuestas por Carlos fluyeran libremente, sin cadenas, sin ataduras, sin pretensiones más allá de expresar la sensibilidad de un joven músico que tiene mucho por decir a través de su guitarra en un diálogo maravilloso con las 88 teclas de un piano acústico.

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