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El valor de las palabras

La editorial El Cuervo publica una colección de “textos de ocasión” de Rodrigo Hasbún.

Rodrigo Hasbún

Rodrigo Hasbún Foto: Sergio Bastani

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Iturralde - doctor En literatura latinoamericana

00:00 / 30 de enero de 2019

Ha sido un honor y una gran alegría para nosotros poder tener acceso al nuevo libro de Rodrigo Hasbún que publicó la Editorial El Cuervo hace pocos días. El título de esta colección de “textos de ocasión” es Las palabras. Se trata, en efecto, de la reunión de 12 textos que el autor nacido en Cochabamba escribió a pedido, para diversas situaciones entre los años 2012 y 2018. De entrada, debemos decir que el libro es muy divertido y es difícil transmitir plenamente esto a menos que se lo lea.

El libro se divide en cinco partes; obviamente, esta división recuerda tanto el título como el número de cuentos del primer libro de Hasbún. Los textos no están organizados en orden cronológico, por lo que el lector debe tratar de buscar las razones del ordenamiento. La intertextualidad y el diálogo con el resto de la obra del autor son un aspecto significativo e importante de este volumen. En este sentido, el lector asiduo a Hasbún se encontrará rastreando pistas que son parte del universo del autor y que, sin duda, colaborarán en la comprensión de su obra.

Las partes del libro están marcadas solo por números, cada texto al interior de estas partes tiene un título propio. La primera sección contiene un solo texto de 2017, Buenas tardes a las cosas de aquí abajo. Desde este primer texto encontramos un esfuerzo por pensar el arte novelesco y la labor del escritor. El autor nos dice, por ejemplo, que “[n]o cre[e] que haya nada más difícil que evocar con palabras muertas personajes que estén vivos, y últimamente siento que eso es lo que más diferencia a los buenos novelistas” (12). En el primer texto de la segunda parte, Las grandes virtudes de Natalia Ginzburg, encontramos una alusión cercana a la anterior, aunque aparentemente invertida o modificada. Es también una referencia al uso de las palabras, solo que esta vez en relación con la primera novela de la escritora italiana que da título al texto: “Como cabía de esperar de un libro que usaba palabras nuevas para referirse a cosas viejas, provocó críticas entusiastas y despiadadas” (20, los énfasis son nuestros). Este texto es de 2016, un año antes que el primero.

El segundo texto de la segunda parte lleva el título de Abbas Kiarostami, el resplandor del mundo. Entre otras cosas, este texto resulta fascinante por la explicación que hace Hasbún de las puestas en abismo que utiliza el director iraní en su obra. De hecho, el texto puede funcionar como una introducción ideal a la obra de Kiarostami y a la comprensión de la complejidad que puede alcanzar un tipo de cine que no es ostentoso de lo costoso que resulta hacer.

La tercera parte es la que contiene más textos, cinco en total. A su vez, esta parte es sumamente rica e interesante en cuanto a los temas que trata y a las formas que utiliza para tratarlos. El primer texto de esta sección es el que da título a la colección: Las palabras. Formalmente, el texto parece un cuento pues es sumamente narrativo y contiene una pequeña historia que está entrelazada con una reflexión divertida, graciosa y a la vez profunda sobre toponimia y regionalismos. Además, nos da a conocer una serie de curiosidades que contribuyen a la confusión de registros literarios: ¿lo que nos cuenta es real? ¿Existe realmente el libro del que habla el texto? Con internet, obviamente, es fácil hacer estas averiguaciones, pero eso no quita que el texto pueda adquirir dimensiones borgianas si se lo lee como un cuento.

El segundo texto de esta tercera parte es Notas para una ponencia. Aquí se discute el tema de la relación entre lo global y lo local en la literatura. Es una pieza sumamente productiva para comprender cómo un escritor con la trayectoria tan particular como la de Hasbún se sitúa con respecto a su pertenencia nacional y a su circulación global. El autor hace otra declaración fundamental sobre lo que él concibe como literatura: “para mí, la experiencia y la memoria y la imaginación (que son los tres motores que ponen en marcha la escritura) solo pueden ser locales, y a la literatura, que es una suerte de sueño realizado, pienso que le sucede lo mismo” (60).

Si este tema resultaba interesantísimo para quienes trabajan la literatura, el siguiente no decepciona. Se trata de Trazar un mapa imposible, en el aire y es un esfuerzo por dar cuenta de la producción literaria, sobre todo narrativa, de la Latinoamérica contemporánea. Aquí nos damos cuenta del nivel de conciencia que posee el escritor a propósito de todo lo que implica la formación de cualquier canon y de cualquier selección de escritores y escritos en vistas de conformar un panorama literario. Cabe destacar que el texto es de 2012, es decir, es el otro texto más antiguo del libro, junto con La isla desierta.

En continuidad con el texto anterior, el que le sigue, Una lección perdurable, ya no se plantea el problema de las listas de autores o panoramas generales de una literatura, sino que comienza con la interrogante sobre el libro más importante de todos, es decir, el libro que Hasbún rescataría de todos los que existen. Al final, el texto se resuelve con una mención de los libros que más han influido en el autor y con la reiteración de la centralidad de Natalia Ginzburg, con lo que su influencia en Hasbún se hace aún más explícita.

El último texto de esta sección parece estar un poco fuera de lugar en las reflexiones que se venían siguiendo en esta tercera parte. El texto vuelve a coquetear con la forma del cuento o de la crónica y nos va a servir para cerrar este nuestro recorrido (a pesar de que nos falten todavía dos secciones y cuatro textos que dejamos que el lector descubra por cuenta propia). La isla desierta versa sobre un personaje que debe escribir un texto breve, una reseña, sobre una obra de teatro que acaba de ver. Ante el apuro y la dificultad de la tarea, el personaje sopesa la posibilidad de dejar de lado el texto y tan solo escribir una recomendación: “vayan a ver la puesta en escena de La isla desierta del grupo Ojcuro, es una experiencia alucinante” (99). Tan pronto como leímos esto, nos sentimos sumamente tentados de terminar la reseña del libro que ahora comentamos del mismo modo: “vayan a leer la colección de ‘textos de ocasión’ Las palabras de Rodrigo Hasbún, es una experiencia alucinante”.

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