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La verdad sobre Holmes

La relevancia literaria de Poe y Collins es superior a la que nunca alcanzó Conan Doyle. Sin embargo, Sherlock Holmes es más famoso y más universal.

Holmes. Estatua del detective en Edimburgo.

Holmes. Estatua del detective en Edimburgo.

La Razón / Guillermo Altares - escritor

00:00 / 20 de enero de 2013

Sherlock Holmes no es el primer detective de la literatura, pero sí es el más universal e influyente. El género policiaco arranca con Auguste Dupin, que Edgar Allan Poe creó en 1841 en el relato Los crímenes de la calle Morgue. De hecho en Estudio en escarlata, la primera novela de Holmes publicada en 1887, aparece citado Dupin en un nada disimulado homenaje, teñido de ironía. “No me cabe duda de que usted cree hacerme una lisonja comparándome con Dupin. Pero, en mi opinión, era un hombre que valía muy poco”, asegura el pretencioso Holmes cuando le explica a Watson la ciencia de la deducción.

También se anticipó Wilkie Collins a Arthur Conan Doyle con La piedra lunar, una de las obras maestras de la literatura británica y considerada la primera novela policial de la historia, que se publicó por entregas a lo largo del año 1868 en la revista All year round, que dirigía su íntimo amigo Charles Dickens. La relevancia literaria de Poe y Collins es superior a la que nunca alcanzó Conan Doyle. Sin embargo, Sherlock Holmes es más famoso y más universal que cualquiera de ellos tres.

A lo largo de todos los años que estuvo publicando historias de Holmes, entre 1887 y 1927, Conan Doyle sentó las bases del género policial que, básicamente, se han seguido hasta ahora. Cambian los detectives, cambian los países, cambian los ángulos y los personajes, pero los principios se mantienen: ocurre un crimen o un misterio y un tipo más listo que los demás lo resuelve porque ve allí donde los otros están ciegos.

Además, parafraseando fuera de contexto la frase de Albert Camus, “entre la justicia y su madre, eligen siempre la justicia”. Hasta los más cínicos, como Sam Spade o Philip Marlowe, al final hacen lo que creen que es justo. Sin embargo, Holmes, y por extensión el género policial, ofrece algo más.

Como escribió el filósofo John Gray, “Holmes es un mito porque es capaz de encontrar orden en el caos utilizando métodos puramente racionales. Demuestra el poder imborrable de la magia”. Pero, en realidad, el detective muestra el poder que puede tener un mundo en el que se ha acabado la magia, en el que los huecos inexplicados de la vida son reemplazados por respuestas en un momento en que la humanidad todavía no sabía que iban a venir muchas más preguntas detrás.

Los personajes de Arthur Conan Doyle nacen en el paso del siglo XIX al XX cuando, con la técnica, el mundo estaba cambiando a mayor velocidad que nunca. Es un período en el que los avances técnicos todavía no están emponzoñados por sus defectos, una época de confianza casi ciega en la razón, que empezaría a perderse con la primera Guerra Mundial y con los grandes totalitarismos que desembocarían en la segunda. Sherlock Homes simboliza esa fe en la razón, lo que quiere decir en lo que mejor de nosotros mismos. Eso es lo que le convierte en infinito y le hace tan real o, por lo menos, deseamos que lo sea.

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