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‘Las imágenes sencillas pueden ser terriblemente perturbadoras’

Magela Baudoin se basa en los relatos que escucha y en la vida cotidiana para contar historias sobre  los sueños y las relaciones personales, llenas de sentimientos y dirigidas a lectores inquietos y reflexivos

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 07 de diciembre de 2015

La escritora boliviana Magela Baudoin acaba de recibir un espaldarazo muy importante que ratifica que acertó cuando hace pocos años decidió abandonar el periodismo para dedicarse de lleno a la literatura. La semana pasada ganó en Bogotá el prestigioso Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, con el libro La composición de la sal, de Plural Editores, que compila 14 relatos cortos llenos de realidad y fantasía, de afectos y de conflictos personales y familiares que surgen de lo cotidiano pero que ocultan historias excepcionales.

El sonido de la H, su única novela hasta el momento, también llegó a la cumbre el año pasado, cuando se llevó el Premio Nacional de Novela Alfaguara. El reconocimiento le llega a Baudoin en plena juventud y le da la oportunidad de dedicarse plenamente a una pasión que la atrapó ya de pequeña, gracias en parte a su entorno familiar.

— Dos libros y dos premios. Un año de éxito completo.

— Sí, he tenido una suerte brutal, ¿no? El García Márquez ha sido un sorpresón. Se presentaron 136 escritores, algunos bien reconocidos. De los cinco finalistas cuatro pertenecían a editoriales independientes, pequeñas, interesantes y muy activas. Trabajan en red, difunden y llegan, y para ellas el escritor es importante. Es un trabajo hormiga dentro de los países y entre países. Plural editores está haciendo una coedición en Colombia de La composición de la sal.

— Usted, precisamente, ha vivido en dos países latinoamericanos.

— Mis padres migraron por razones políticas a Venezuela. Así que la niñez, que es algo tan importante, y la adolescencia las pasé en Caracas. Pero en Bolivia terminé de estudiar, y me casé. Mis hijos son bolivianos… yo siempre digo que la patria es el lugar de los afectos, por lo que yo me siento totalmente boliviana.

— ¿Le ha sido de provecho la experiencia de la emigración?

— Los hijos de migrantes tienen las raíces algo quebradas y poco a poco van encontrando a la vez su identidad y su lugar. Esta búsqueda es un tema que me interesa literariamente. Yo, de niña, ideaba fantasías que contaba a otros niños, vivía una vida paralela e inventada. Y mi padre, que es un narrador nato, siempre contaba fantasías preciosas sobre el Illimani, los tesoros escondidos en la selva, los kallawayas… Ahora escribo sobre esas historias. Y sobre las que me cuenta mi hermano, que también dan muchísimo material.

— ¿Son mentirosos los escritores?

— Jugamos a reconstruir la realidad y sí, nos volvemos unos mentirosos compulsivos. Estás siempre mirando el mundo, te vuelves un poco obsesivo buscando esas perlas pequeñitas que da la realidad. Para escribir hay que mirar todo el tiempo asombrado, y así ves historias que parecen normales pero no lo son.

— Como las historias de sus cuentos, que a primera vista son la vida cotidiana.

— Escribía El Sonido de la H y en los estancamientos creativos escribía los cuentos, que comparten una atmósfera de naturalidad, de aparente normalidad que está minada desde las entrañas por un colapso que se viene, por algo que está a punto de derrumbarse y que se sostiene de una manera a veces inexplicable, por los nexos del amor, de la culpa y de la nostalgia.

— Parece que en todos sus cuentos hay cosas que no se dicen, que se imaginan o adivinan.

— Hay una tensión entre lo dicho y lo no dicho de la que sale la perturbación que yo busco provocar en el lector. Hay quien dice que escribe para sí mismo y que no le importa el lector. A mí sí me importa, y mucho. Me gusta que sea desconfiado, inquieto, que busque, que lea lento, que vuelva, que anote. Cuando escribo pienso en él para intentar moverlo del lugar e incomodarlo. La sencillez de una imagen puede ser algo tremendamente perturbador. La buena literatura deja las pistas puestas como al azar, y el lector solo a veces las agarra. Pero me gusta que estén puestas así, como sin premeditación aunque en realidad sí esté todo muy pensado.

— ¿Tienen las mujeres un papel importante en su obra?

— Soy feminista porque no se puede no serlo en un país como el nuestro. Pero no soy partidaria de una literatura femenina como categoría literaria. Sí me interesa la mujer como un personaje lleno de pliegues que descubrir. Pero más me interesa la fricción humana, entre mujeres, hombres, niños, desconocidos, solitarios… Y la familia, porque en esas relaciones y en esos nexos poderosos ocurren unas guerras silenciosas tremendas que están cruzadas por la culpa, el amor, la nostalgia y la ira. Ahí hay una potencia narrativa enorme. También la hay en los sueños, en toda la simbología de los sueños que hay en este país, donde además te pueden leer la coca, el tarot, el tabaco… estas formas de escapar de la realidad me dan inmensas posibilidades de contar y de fabular, me proporcionan imágenes.

— ¿Bolivia es un país literario?

— Sí, aquí hay mucho talento. Más allá de los premios como el de Colanzi, Rivero y el mío tenemos una literatura muy rica, polifónica, original y variada. Esto se ve en la generación más joven, pero viene de una larga tradición. Ahora llega un desafío para el estado y las editoriales: abrir las puertas y hacer esfuerzos para salir al mundo. El premio que me han dado a mí es en realidad una vitrina inmensa, colosal en la que cabemos todos.

Lo escondido tras la familia y la historia

Baudoin prepara una novela y cuentos sobre mitos políticos, el duelo y la búsqueda

— ¿Está trabajando ya en libros nuevos?

— Sí, aunque no tan rigurosamente porque yo tengo un método un poco caótico, con muchas ideas a la vez. Ahora estoy trabajando en una novela y hay un libro de cuentos que está rondando mi cabeza, ya tengo unas cuatro cinco historias que estoy pensando cómo voy a narrar.

Será una recopilación de tesis y mitos alrededor de las historias oficiales. Si Busch se suicidó o fue asesinado, sobre el traslado de las manos del Che, cómo entró Lechín clandestino, o cómo Isaac Tamayo pidió la mano o permiso para que Franz enamorase con una chica de sociedad y lo rebotaron. Quiero fabular con esas cosas que están entre escritas y no escritas en la historia. A todo el que las conoce le doy el rollo para que me echen el cuento, me pongo un poco pesada.

— Y, a la vez de los cuentos, ¿una novela?

— La novela ya está bastante avanzada. Tiene por título tentativo Solo vuelo en tu caída. Es una historia sobre lo que no se dice en una familia, alrededor de la muerte de un hijo. Busca la tensión que surge entre el duelo y lo que hace cada uno para proteger al otro. Y también sobre la búsqueda de esa verdad que todos persiguen, pero de la que nadie habla.

— ¿Tiene plazo para publicarlos?

— No, no sé cuándo estarán listos ninguno de los dos libros. Yo soy bien lenta trabajando. Ahora, afortunadamente, cuento con el oxígeno del premio, así que voy a poder tomarme otros espacios para escribir. El premio te da la oportunidad de retirarte de muchas cosas y sentarte tranquilamente a escribir.

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