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La vigencia del viejo cine mudo

Los jóvenes deben disfrutar, como hicieron las generaciones anteriores, de estos artistas geniales

Sonrisa • Tati aún es una referencia del humor agudo, blanco e inteligente. Foto: institutfrancais.es

Sonrisa • Tati aún es una referencia del humor agudo, blanco e inteligente. Foto: institutfrancais.es

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Boyero - El País

00:00 / 16 de agosto de 2015

En mi infancia, los grandes cómicos del cine mudo o habían sido cruelmente jubilados por el sonoro o estaban de retirada aunque se hubieran adaptado a él. Pero recuerdo haber visto gran parte de su cine en la pantalla grande o en ciclos que les dedicaba la televisión. Y, además de reírme mucho, llegué a enamorarme de algunos de ellos.

Las reposiciones de las películas de Chaplin eran continuas. Y como casi todo el mundo adoré a Charlot, aquel personaje genial, aunque el señor Charles Chaplin nunca me resultara simpático. Pero a excepción del cinismo vitriólico de Monsieur Verdoux, el Chaplin sonoro me deja frío. Incluida la sagrada El gran dictador, aunque reconozca que tiene secuencias magistrales, como la de Chaplin jugando con la bola del mundo. El personaje se volvió estratégicamente sentimental, desprovisto de la gracia infinita que chorrean obras maestras como El chico, La quimera del oro, Tiempos modernos o Luces de la ciudad.

Pureza. Siento amor incondicional por todo el cine de Buster Keaton. Además ser uno de los creadores visuales más grandiosos de la historia —Hitchcock sería el otro— su hierático personaje me resulta divertido y excepcional. Es admirable su pureza, su determinación, su imaginación, su capacidad de supervivencia, su tenacidad, su lógica surrealista. Todo su cine lleva la marca de un genio. Fue maravilloso ver la regocijada bendición del público, las carcajadas colectivas, cuando a principio de los años setenta programamos casi toda su obra en el cineclub del colegio mayor en el que yo vivía. Y sigo envidiando el disfrute de los espectadores que le descubren por primera vez.

Encanto. Tengo serias dudas de que los niños, adolescentes y jóvenes actuales conozcan el cine de Keaton y Chaplin. Supongo que en internet pueden encontrarse sus películas y también estarán en DVD, ya que ni a los cines ni a las televisiones se les ocurre programar cine en blanco y negro y mudo. Deben estar convencidos de que la demanda es inexistente. Y probablemente sus cálculos tengan razón. O tal vez no. Quiero pensar que aquel cine con el que hemos disfrutado tantas generaciones mantiene su encanto para la gente joven. Y me gustaría ver las reacciones de los críos ante Keaton y Chaplin, en una sala grande y a oscuras.

Van a reponer en el cine Las vacaciones del señor Hulot y he recibido un cuidadísimo pack, que recopila la obra completa de Jacques Tati. Siempre me hizo sonreír ese señor francés que se inventó un cine y un personaje sin referencias, enteramente suyo, con un sello inmediatamente identificable. Y esa sonrisa no se me borra. Y es humor blanco, original, inteligentemente naif, tierno, con gags memorables, atmósfera, escasez de diálogos, imágenes puras. Pero también me pregunto si un nuevo público podrá conectar con ese humor. Ojalá.

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