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Cómo vivir con la derrota

Leonard Cohen tiene 77 años y muchas y buenas ‘Old ideas’ (viejas ideas) como titula su nuevo disco

Cohen. El músico canadiense con su sombrerito a la Blues Brothers.

Cohen. El músico canadiense con su sombrerito a la Blues Brothers. Foto: El País

El País / Miguel Mora

00:00 / 29 de enero de 2012

La compañía discográfica en pleno y una docena de periodistas esperan al maestro canadiense en la sala de un hotel de lujo de París para escuchar con él su último disco, Old ideas. El músico, de 77 años, va tocado con su sombrero, de ala más corta que su nariz. Se lo quita y se inclina para saludar. Se sienta y cierra los ojos. Pasará así los siguientes 40 minutos. El disco, mejor decirlo desde el inicio, es un monumento dividido en diez tomas que probablemente entrará en la historia del blues más exquisito.

La primera canción dice Leonard, lazy bastard (vago cabrón), Cohen recita, casi susurra, muy despacio y a caballo de un coro casi gospel femenino y de un piano que transporta a un viejo club de blues. El texto es fabuloso. Habla de amor, tragos, dolor, depresión, sacrificios, regresos a casa, recuperación: “Un manual para vivir con la derrota”, dice. Ironía, sarcasmo, flagelación. Y vida recobrada.

El segundo tema tiene cierto aire de corrido y country. Más canción que recitado. Hay melancólicos violines mexicanos, un solo de trompeta y un final escalofriante: “¡Dímelo otra vez cuando los restos del carnicero se hayan limpiado en la sangre de la tierra!”. La emoción dura siete minutos, y de ella se pasa a estos versos: “Enséñame el lugar al que quieres que vaya tu esclavo, enséñame el sitio donde empezó el sufrimiento”. Entre efluvios dylanescos (de Bob Dylan y de Dylan Thomas), Cohen afirma en otra de las canciones: “No tengo futuro, el pasado durará pero la maldita oscuridad también”.

Hay banjos, baterías de aire jazzy, platillos, recitados eróticos, guitarras españolas y ternura. El órgano Hammond preside la despedida. “Tú quieres cambiar la forma en que hacemos el amor, yo prefiero dejarlo como está”. Es el tema loco del disco.

Acaba la escucha de las diez sublimes piezas y se da paso a las preguntas. La inevitable es sobre el retiro, sobre su afición semirreligiosa a vivir alejado del mundo. “Me gusta poco lidiar con las urgencias de la vida real”, dice él. “Sé muy bien que la edad tiene mucho que ver con mi actual libertad, y también sé que a medida que te haces viejo se van muriendo las neuronas de la ansiedad. Mi retiro, y mi maestro, no tienen nada que ver con la religión, sino con el estado de la naturaleza de las cosas”.

¿Y a su edad, todavía aprende cosas? “Uno nunca se libera de su propia estupidez. Nuestra incompetencia siempre nos da nuevas oportunidades para humillarnos, y esa realidad nunca es mala para el intenso y doloroso proceso de autocrítica”.

Sobre el título del disco, confiesa no tener mucha idea, aunque apunta: “Había un par de temas viejos y todavía hay muchas cosas inacabadas en el cajón.  Sin la música se vive bien, pero he llegado a la conclusión, a regañadientes, de que voy a morir. Y esto a veces produce pensamientos. Espero que no sean demasiado morbosos”.

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