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Humillaciones

Lo de las filas en las cajas de salud y en los hospitales públicos es apenas el inicio de un calvario mayor

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

01:37 / 02 de abril de 2016

Ya es parte de la postal de la ciudad: antes de la madrugada, las filas de enfermos ante los consultorios médicos de las cajas de salud y de los hospitales públicos. Las filas empiezan a la medianoche o antes, depende de la especialidad que se requiere. Horas después, a las siete de la mañana, se reparten las fichas para que el paciente sea atendido al día siguiente. Si tienes un pariente voluntarioso que se ocupe de estas trasnochadas en las filas, puedes darte por satisfecho, de otro modo, tienes que cargar con tus dolores y hacer fila. En algunas cajas de salud no importa si la especialidad que precisa el paciente es evidente, primero hay que sacar ficha para que lo examine el médico general y éste lo derive al especialista. Y para poder ser atendido por el especialista hay que hacer nuevas filas.

Este trato inhumano del Estado al paciente no conmueve. En cuanta oportunidad se presenta se recuerda ese calvario a las autoridades de salud del Gobierno Nacional y de los gobiernos municipales, pero no pasa nada. Lo de las filas es apenas el inicio de un calvario mayor. Si se tiene suerte de finalmente llegar ante el médico general y de éste al especialista, vienen los problemas por la falta de camas para internación, de meses de espera para una cirugía, de la ausencia de medicinas específicas, de maltrato del personal médico y paramédico, y un sinfín de etcéteras.

Y claro, se podrá pensar que esto pasa cuando se trata de caridad pública. Pero no, no es caridad, es nada menos que seguridad social, sistema en el que buena parte de los asegurados sufren el descuento de una parte de su salario para garantizarse un servicio médico para cuando sea necesario. Las empresas están obligadas a asegurar a sus dependientes y obligadas a aportar cada mes esa parte del salario. De ese modo los seguros médicos cuentan con cantidades de dinero que dan lugar a negociados y corrupciones.

A estas alturas queda claro que pocos ganan con el seguro médico: la parte superior del triángulo donde están algunas autoridades, los ejecutivos de los servicios, los médicos de los servicios, e incluso el personal paramédico que encuentra en el sistema un puesto de trabajo (aunque no siempre bien remunerado). Los que pierden son las multitudes que aportan cada mes y que al momento de usar el servicio que mantienen se encuentran con una estructura inhumana en todo sentido.

Lo peor es que los responsables no se conmueven ni admiten responsabilidad. Con la distribución de responsabilidades entre Gobierno central, gobiernos municipales y gobernaciones la cosa se complica más para el paciente. El uno responsabiliza al otro, el otro al otro, y así, mientras el que pone la plata para que esos servicios funcionen y manejen tanto dinero como el que manejan va de humillación en humillación.

En realidad, a estas alturas no existen disculpas. Son 10 años de Gobierno Nacional; en La Paz son más de 10 años de gobierno municipal (primero bajo la batuta de los Sin Miedo y luego Sol.bo que son lo mismo) y es más de una década de ambos, turnados, en la Gobernación de La Paz.

En una ocasión le pregunté a un buen amigo que reside en el exterior sobre su esposa. Me contestó: “humillada por la enfermedad”. Es la más extraordinaria definición de lo que te provoca la enfermedad. En nuestro caso, con múltiples yapas.

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