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Transformers, la era de la extinción

Promocional de la última entrega de Transformers. Foto: cinemascine

Promocional de la última entrega de Transformers. Foto: cinemascine

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Zapata

00:00 / 20 de julio de 2014

La era de la extinción, dirigida por Michael Bay, es la cuarta entrega de la saga de los extraterrestres escondidos en la Tierra. En esta oportunidad se plantea su aniquilación para favorecer el desarrollo de la técnica humana haciendo de su presencia algo inútil, además de estar la vida de los autobots en la mira de un cazarecompensas intergaláctico.

Siguiendo la historia y el tema de las entregas anteriores, esta película se refresca por la ausencia de los protagonistas de las anteriores tres entregas, reforzando con esto el protagonismo que en esta versión cobran los robots. Y es precisamente desde éstos que se va confeccionando el relato, pues pasan de ser héroes de la humanidad a perseguidos para su exterminio. Por supuesto, la redención de este grupo de robots exiliados será para salvar nuevamente la Tierra.

El efectismo que despliega con cada película el director de Armagedón y de toda la saga va explorando y construyendo secuencias de acción emparentadas con los videojuegos, el uso de drones y dispositivos tan versátiles como impredecibles en las formas de registro, lo que pierde valor en la forma de montaje, pues Bay debe regirse al relato de un sistema y forma narrativa unidireccional, transparente, predecible y didáctica.

Lo provocador de La era de la extinción es, por primera vez en la saga, la interrogante sobre la creación, desde la clonación, sobre el origen tanto de la humanidad como de los autobots, lo cual emparenta el filme, en este rasgo mínimo, con el subgénero venido a menos del gótico cósmico, cuya principal característica radicó en lo extraterrestre como objeto acicate de la pregunta por la existencia.

Entre las varias novedades presentes en Transformes 4 es inevitable la presencia de Hong Kong como espacio de destrucción y epílogo de la cinta, lo que responde a lógicas de mercadeo para el estudio. También es novedoso el planteamiento de la Tierra como escenario de batallas extraterrestres, dejando al margen a los terrícolas, en su condición de pasivos espectadores.

Pistas

‘Prometeus’, de Ridley Scott (2102)

Debía ser una precuela de Alien. Sin embargo, se superó con creces esa esperanza cinéfila, pues nos sitúa en un planeta donde se encuentran los hacedores de todas las cosas. En este sentido, Alien aparece como un elemento distante, pues el descubrimiento del octavo pasajero fue provocado por la búsqueda de respuestas a la existencia humana, encontrándonos con nuestros creadores que detestan y desean destruir su creación, la humanidad.

La Tierra como escenario de la destrucción

Los imaginarios postapocalípticos y posthistóricos son temas recurrentes en el cine, por lo general se enfrentan al problema de representar la destrucción.

La industria inventó imágenes inolvidables en La guerra de los mundos (1953) (2005), El día después de mañana (2004), Impacto profundo (1999), Batalla de los Ángeles (2010), entre otras. La Tierra, como escenario de destrucción y objeto a ser preservado, fue clave del cine clase B y desde finales del siglo XX migró a los grandes estudios.

Los exiliados del mundo exterior Los Transformers enfrentan desde el argumento la actualización y despliegue de teorías conspirativas como la coexistencia de extraterrestres entre nosotros y los negociados militares con ellos. El clase B, la ciencia ficción y el fantástico se aproximaron a las teorías conspirativas desde Amenaza exterior (1949), donde los extraterrestres simbolizaban al comunismo. El cine de fines del XX orientó la argumentación hacia fenómenos políticos, económicos y bélicos, como en Distrito 9.

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