Vida que se genera gracias a la ciencia Recurrir a la ciencia para cumplir el sueño de tener un miembro más en la familia es cada vez más usual entre las parejas infértiles.
Han pasado seis años desde que se casaron. Al igual que él, ella tiene 37. Y son como cualquier pareja de esposos, pero en su mundo todavía falta la alegría que da una nueva vida.
“Intentamos formar una familia hace tiempo y, tras el fracaso de un embarazo y de muchos intentos y consultas frustradas, mi esposo se enteró de la existencia del Centro Integral de Reproducción Asistida”, explica esperanzada la mujer, que prefiere mantener en secreto su nombre, pero no su historia.
Afanada, la pareja llega al edificio que hace dos años y medio se yergue sobre la Calle 21 de San Miguel. Allá, de mandil blanco, les espera de buen humor el doctor Jorge La Fuente Méndez, médico ginecólogo especialista en infertilidades.
Al calor de una charla, más que de una consulta de rigor, los pacientes plantean su situación. No es el único matrimonio que visita el Centro Embriovid. “En lo que va del 2005, 28 parejas vinieron a buscar el embarazo”, apunta el doctor.
De las parejas que acuden a pedir ayuda, el 20 por ciento tiene algún problema de infertilidad. “Una pareja infértil —ilustra el doctor— es aquella que mantiene relaciones sexuales por más de un año sin usar anticonceptivos sin que se llegue a producir finalmente embarazo”.
Con todo, aunque se esté en ese caso, no quiere decir que realmente se necesite fertilización in vitro.
Entre las posibles causas Entre las patologías masculinas que generan infertilidad están la disminución de la cantidad de espermatozoides (oligospermia) o su falta de movilidad (astenospermia). Otra causa es la azospermia, es decir la falta de espermatozoides.
Mientras, en las mujeres este tipo de patologías también es muy variada. El principal problema suele ser la endometriosis, que es cuando el endometrio no está ubicado en la zona que le corresponde (en el recubrimiento del útero). Otro es la obstrucción de las trompas e igual es habitual la anovolucación crónica (falta de ovulación).
Luego, a todo esto hay que sumarle, si se da el caso, la menopausia prematura, cuando la mujer no termina de ovular adecuadamente.
Además, aparte de estas razones, hay que tomar en cuenta la edad. Las mujeres de más de 38 tienen una disminución de fertilidad.
Pero también están las causas psicológicas, que juegan un papel importante en la infertilidad, aunque no de manera determinante.
Los test dan con el problema El primer paso que dan las parejas les conduce a las pruebas. “No es un asunto de uno u otro. Es de los dos, por eso es que a ambos se les hace los exámenes”, dice el doctor.
Al hombre se le realiza sólo el espermiograma, prueba que evalúa con gran fiabilidad la cantidad y calidad de los espermatozoides.
A la mujer, sin embargo, se le practica toda clase de exámenes, entre los que se cuentan las biopsias, las ecografías transvaginales o la laparoscopía, técnica en la que se introduce una pequeña cámara.
Así, en caso de que se encuentren quistes, miomas o pólipos que no sean graves, se puede resolver el problema con una mínima cirugía.
De lo contrario, será necesario recurrir a la reproducción asistida.
En este último supuesto, si se trata de trompas obstruidas se practica la inseminación in vitro. Y si es el hombre el que tiene pocos espermatozoides, lo que se emplea es la inyección intracitoplasmática del espermatozoide (técnica ICSI). “Se toma el óvulo con una pipeta y se punciona el espermatozoide en el óvulo para lograr la fertilización”. Pero el método más habitual suele ser el de fertilización in vitro.
El método de la esperanza El proceso de Fertilización In Vitro y Transferencia de Embriones (FIV-TE) comienza con la estimulación ovárica controlada, a fin de hacer desarrollar la mayor cantidad de folículos posibles. Para esto lo que se usa son medicamentos.
Es momento de que la pareja comience el tratamiento. “Después de la menstruación y hasta la ovulación he estado tomando pastillas”, cuenta la ilusionada señora.
El desarrollo folicular, es decir la estimulación ovárica, se realiza durante 10 ó 12 días, tiempo en el que se controla el crecimiento de los folículos mediante ecografías.
Con la ayuda visual que da una ecografía transvaginal, el médico punciona con una aguja especial el fondo de la vagina y aspira cada uno de los folículos, extrayendo los óvulos. “E inmediatamente se sacan son evaluados por el embriólogo, quien los clasifica y coloca en un medio de cultivo especial sobre una placa Petri, que se coloca en una incubadora de CO2 para que se complete toda su maduración”, especifica el doctor La Fuente.
Esa incubadora precisamente tiene las mismas características de la anatomía de la madre, simulando la temperatura corporal de 37 grados y conteniendo la cantidad de oxígeno ideal para lograr la maduración de los embriones.
Una vez que se tienen los óvulos en las condiciones específicas, se toma una muestra de semen del padre. Luego, con la ayuda del microscopio se separan los espermatozoides más móviles, los mejores.
Entonces, alrededor de cada uno de los óvulos seleccionados anteriormente por su calidad, ahora acomodados sobre una placa, se colocan cien mil de esos espermatozoides. Lo demás sigue la receta de la naturaleza: la fertilización.
Al día siguiente de la captura ovular ya es posible detectar si ha habido o no fertilización. Y el proceso continúa. En la segunda mañana, los embriones cuentan con dos o cuatro células y en el tercer día del proceso tienen entre seis y ocho.
“Estos embriones serán cultivados de tres a seis días para ser transferidos de regreso a la madre”.
Sólo los mejores embriones, de acuerdo a la calidad de sus células determinada por la regularidad de las formas, son los adecuados para convertirse, tras el ciclo obligado de nueve meses, en un bebé.
“Por lo general, de los 10 ó 12 óvulos extraídos son adecuados únicamente cinco. Pero sólo se colocan dos embriones en el cuerpo materno. Los tres restantes pueden ser criopreservados (congelados para usos futuros)”. Además, esos embriones podrán ser implantados en la madre en caso de que la inseminación de los dos óvulos anteriores falle o, si al cabo de algunos años, la madre quiere volver a tener hijos, pues se pueden emplear los mismos embriones.
Mientras, siguiendo el proceso, el par de embriones seleccionados está listo para anidar en el útero materno. “En este centro no se colocan más embriones a fin de evitar un embarazo de alto riesgo”, aclara el doctor. Y es que una de las grandes complicaciones de in vitro es el embarazo múltiple, pues genera situaciones de alto riesgo para los niños y la madre. “Estos bebés nacen prematuros, con bajo peso y pueden tener problemas neurológicos y, al final, será un problema sacar adelante a los bebés”.
Ya sólo falta introducir los embriones en la cavidad del útero.
En la operación, la paciente está despierta, no necesita de anestesia. “No se siente nada, sólo el ingreso de los instrumentos incomoda un poco”, cuenta la futura madre, quien ahora abriga en su vientre tres hermosos embriones.
Y no queda más que esperar de 12 a 14 días para saber si hay embarazo. Finalmente, llega el momento, y la prueba sale positiva.
Ahora, cuando lo recuerdan, los esposos se funden en un abrazo. Ella está de cuatro meses y siente las náuseas típicas en estos casos. No le preocupa. Para ella esos síntomas son como un regalo que confirma la presencia de dos bebés que se mueven en su vientre. Y sabe que debe estar tranquila, pues el camino es fácil, basta con seguir lo que la madre naturaleza ordena.