El 6 de enero de 1996 se instalaba un nuevo gobierno municipal en La Paz. Una ocurrente nota periodística de la época calificaba al Legislativo edilicio de entonces como "El Concejo de lujo". Durante algunos días dicho cuerpo fue conocido de tal manera, pero no necesito entrar en detalles para que usted recuerde que ese fue el comienzo del período de mayor inestabilidad e ingobernabilidad que se recuerde en el municipio. Dos años después la etiqueta entrecomillada sonaba a un mal chiste.
No tengo la menor intención de establecer un paralelismo entre una situación y otra, sin embargo la aparición en escena del mismo concepto hace inevitable relacionarlas. Y es que, en una declaración poco afortunada, hace unos 18 meses, doña Ana María Romero de Campero —periodista, incidentalmente— calificaba como "Presidente de lujo" al ex mandatario Carlos Mesa. Y así nos fue. Tampoco necesito enumerar la serie de despropósitos en los que incurrió el sucesor de Sánchez de Lozada —son harto conocidos— para situar su gestión entre las peores, quizás la peor, de nuestra reciente historia; aunque podrían graficarse en una de las más patéticas imágenes jamás observadas por la ciudadanía: la del hombre dando una vuelta alrededor de la desolada plaza Murillo.
Me pregunto para qué sirve otorgar hiperbólicos atributos a ciertas personas o entidades —y la prensa es prolífica en ello; piénsese en el marbete de "club galáctico" que colgaron a un Real Madrid absolutamente ineficaz— si no es para halagar la vanidad de los aludidos, quienes, persuadidos de su magnificencia, olvidan la naturaleza de sus funciones esenciales: de un Presidente, gobernar; de un futbolista, jugar al fútbol. Cuando lo accesorio se superpone a lo esencial estamos jodidos.
Y el lujo (Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo. Abundancia de cosas no necesarias) tiene más que ver con la envoltura que con el contenido, con la forma que con la función. ¿Cuál es la función esencial de la telefonía móvil? Posibilitar la comunicación verbal a distancia entre dos personas mediante un sistema que permite el traslado de los aparatos destinados al efecto. ¿De qué sirve un aparejo provisto de gran variedad de prestaciones adicionales si no cumple con la fundamental? De poco, salvo como objeto para la presunción.
Todavía se estila en algunas casas poseer una vajilla "de diario" y otra "de lujo". La primera puesta al servicio de la familia en la cotidianidad y la otra para exhibirla ante alguna visita especial dos veces al año —el resto del tiempo es pura decoración—. Aquella, resistente, durable, entrañable, "normal", que incluso puede tener un diseño atractivo y estar hecha de nobles materiales; ésta, majestuosa, "ajena", "prohibida", "delicadita"...
El lujo se justifica como valor agregado. Si además de ganar un partido se juega bonito, ¡qué maravilla!, pero "lujos" por pura atribución, no, gracias.
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
¿Cómo vamos a gobernar?
Me dicen que hace viento en Sucre. En La Paz, lo certifico, hace frío este jueves en el que escribo mi columna. Es ese sol que brilla pero que no calienta, metáfora de un tiempo en el que el corazón de algunos se cubre de escarcha.
El país necesita
Así como de inicio, un gobierno sin ambición política. Un gobierno que no conciba en su tiempo de vigencia la idea de hacer un partido histórico, ni delire con la opción de dar a la patria un iluminado.
Crónica de las tres caras de Evo
En 1957, el film Las tres caras de Eva planteó nuevos derroteros cinematográficos examinando un caso de personalidad múltiple. La bella Joanne Woodward ganó el Oscar en el papel de una joven esposa que sufre migrañas
Cartas a Hormando y Evo
Recordado Hormando: Te conocí en 1970 en un congreso de la federación boliviana de periodistas, ocasión en la que elegimos como a secretario general a José Luis Alcázar, ¿recuerdas?