En Bolivia nadie debe de dormir tranquilo en tanto el 64 por ciento de la población se debate en la pobreza, cuyas expresiones más lacerantes son la desnutrición, el bajo nivel educativo, la precariedad en la salud y las pésimas condiciones de vida en general.
En Bolivia nadie debe de dormir tranquilo en tanto el 64 por ciento de la población se debate en la pobreza, cuyas expresiones más lacerantes son la desnutrición, el bajo nivel educativo, la precariedad en la salud y las pésimas condiciones de vida en general.
Bolivia tiene una pesada carga que la agobia en estos tiempos de discordia e incertidumbre. Alguien ha dicho que se trataría de un proceso de gestación para dar paso a un nuevo país. Ojalá fuera así, pero el caso es que muy difícilmente podría llegarse a esa instancia, teniendo en cuenta que los fantasmas de Bolivia son el antagonismo regional, el racismo, la ingobernabilidad, la inseguridad jurídica, la pérdida de la racionalidad y, para colmo, una pobreza que estremece el alma.
El antagonismo regional se exacerbó a extremos peligrosos para la unidad del país. Y esto tiene que ver con una simple decisión que se debe tomar con buena dosis de tolerancia. El entredicho que está socavando el entendimiento entre bolivianos no es para tanto. Al final de cuentas, qué tanta ventaja se puede obtener con que el referéndum de las autonomías, la elección de prefectos y la Asamblea Constituyente sea en una u otra fecha o que estas consultas se realicen conjuntamente con las elecciones generales de este año.
En cualquier caso, para definir aquellas fechas será siempre oportuno y conveniente escuchar las opiniones de los entendidos. Un constitucionalista ha cuestionado la elección de prefectos, porque sería inconstitucional. Dijo, en una entrevista radial, que la norma constitucional establece que la designación de estas autoridades debe hacerla exclusivamente el Presidente de la República, en tanto no haya una reforma de la Carta Magna. De insistirse en la idea, advirtió que se corre el riesgo de que se interponga un recurso de nulidad ante el Tribunal Constitucional y éste falle a favor. En tal caso, la elección de prefectos se desplomaría en la nada.
En cuanto a unir las cuatro consultas en una sola, la Corte Nacional Electoral señaló que sería inconducente y que lo mejor sería dosificarlas, sin incidir en posiciones intransigentes.
Deplorablemente, en Bolivia hubo siempre un racismo encubierto. Ahora, de manera infortunada, se ha puesto en evidencia de forma inquietante, aderezado de mucho odio. En este punto, es necesario que todos hagan conciencia que éste es, definitivamente, un país mestizo y que, por tanto, no caben las diferencias raciales.
La ingobernabilidad es lo peor que puede ocurrirle a un país como Bolivia, donde la ley y las instituciones carecen de la solidez necesaria. En estas condiciones, lo que se está haciendo es imponer la anarquía y el caos, del que nadie saldrá favorecido, pues quien quiera que sea gobierno, en el futuro, se enfrentará con una sociedad que no respeta a la autoridad legalmente constituida. Este extremo de irracionalidad conduce indefectiblemente a la inseguridad jurídica.
El problema mayor de Bolivia es la pobreza, pero mientras unos y otros están inmersos en disputas secundarias, nada se hace para resolverlo con la prontitud y el esfuerzo colectivo que requiere. En Bolivia nadie debe de dormir tranquilo en tanto el 64 por ciento de la población se debate en la pobreza, cuyas expresiones más lacerantes son la desnutrición, el bajo nivel educativo, la precariedad en la salud y las pésimas condiciones de vida en general. En el fondo, debe entenderse que la pobreza es el germen de los fantasmas que ensombrecen a la patria.