Hace algunos días en una nota subeditorial de este medio leí que un debate que sostuve la semana pasada en Santa Cruz con representantes de la Nación Camba y otros panelistas había resultado penoso, pese a los esfuerzos del director Julio César Caballero, por la falta de “participantes de primer nivel”; y que al final los analfabetos que habíamos hecho el triste favor de pasear nuestra ignorancia en el programa, Opinión Dividida, terminamos por hacer de él “una caza de brujas”.
Diré simplemente que en lo que a mí tocó no pude capturar a ninguna hechicera, sino que intercambié opiniones y quise hacer notar las, a mi entender, inconsistencias de planteamientos como la Nación Camba, la autonomía a la cruceña, etc., que a mi modesto entender no están lo suficientemente maduras.
Creo entender que quien escribió esas líneas expresó más su contrariedad porque el representante de la Nación Camba, el arquitecto Sergio Antelo, aparentemente, no expresó sus criterios como hubieran querido quienes comparten sus ideas.
El comentario más preocupado que le hice a Antelo es que algunas de sus expresiones parecían reflejar cierto racismo que a estas alturas resultan cada vez más difíciles de fundamentar.
No emprendí una batalla campal con nadie, sin dejar de decir con firmeza aquello en lo que creo; y es más, ni siquiera creo que el señor Antelo hubiera actuado de forma abiertamente descortés para con nadie.
Hablé después del programa con él y tengo la satisfacción de haber acordado empezar una correspondencia mutua que creo que nos puede enriquecer.
Comprenderá el editorialista que si el encuentro hubiera sido a mamporrazos difícilmente hubiéramos convenido en buscar puntos de coincidencia, más allá de que personalmente veo con amargura cómo el arquitecto en vez de proyectar una patria para todos la ha cercenado en su mapa.
Me queda por comentar, mi presentación ya ha sido descalificada por el editorialista, la postura del diputado del MAS Antonio Peredo, a quien considero uno de los hombres más honestos de esa fuerza y a quien rescata como al único digno el escribiente.
Peredo fue afable hasta cierto punto, pese a haber incurrido en una alusión a los auquénidos que pudo haberse entendido como un intento de ridiculizar a Antelo.
Pero no puedo dejar de pasar por alto algo que el editorialista parece considerar un dato menor y que creo que está precisamente en el corazón de esta Bolivia que se nos desangra.
Y es que el honorable trató de justificar algo que desde mi limitación no puedo entender: que una espuria policía sindical debe someter por la fuerza a nombre de un grupo de “intelectuales” iluminados a qué cazabobos tienen que ir esos infelices compatriotas nuestros de abarca, sin que importe realmente hacia dónde miran sus ajadas esperanzas.
*Älvaro Zuazo Vélez es periodista.
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