El próximo 22 de enero del 2006, Bolivia tendrá su cuarto Presidente de la República en tres años. Y es que luego de varios períodos presidenciales que completaron su mandato constitucional, desde octubre del 2003 no se pueden establecer las condiciones necesarias para la constitución de un Poder Ejecutivo que goce de la legitimidad y la representatividad necesarias.
Y así como el país se otorga una nueva oportunidad para constituir un Poder Ejecutivo, y un Congreso Nacional, que reflejen la nueva coyuntura del país, la gran duda que se cierne es sobre si los mecanismos de elección que regirán en este nuevo proceso electoral, que básicamente serán los mismos que se emplearon en las últimas elecciones generales, responden a estas nuevas exigencias del país, o repetirán varios de los errores del pasado y que fueron altamente reprobados por el ciudadano boliviano.
Es posible que la instauración, por ejemplo, de la segunda vuelta electoral, no solamente para la elección de la primera magistratura del país, sino incluso pasa niveles congresales, podría haber contribuido a que el ciudadano otorgue esta representatividad de la que carecen muchas veces las autoridades elegidas democráticamente.
Es muy poco probable, salvo grandes sorpresas en el camino, que alguna de las ofertas electorales obtengan el cincuenta por ciento más uno para ganar las elecciones sin tener que hacer negociaciones político-partidarias, o con agrupaciones ciudadanas, o con pueblos indígenas para llegar al poder.
Otro factor a tomar en cuenta en este nuevo proceso electoral es la necesidad imperiosa de democratizar los partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas, para que estas mediaciones puedan representar adecuadamente al conjunto de la sociedad.
El ciudadano boliviano y los movimientos sociales, quieren tener una participación más activa en la elaboración de las políticas públicas, y es casi seguro que de no encontrar espacios adecuados en las mediaciones políticas propuestas, nuevamente estaremos ante la posibilidad de grandes movilizaciones sociales.
Es evidente que será la futura Asamblea Constituyente la que defina la nueva arquitectura institucional del Estado y que el Ejecutivo y Legislativo elegidos en diciembre serán la transición hacia estas nuevas estructuras. De todas formas, las próximas elecciones generales representan una nueva oportunidad que no merece la pena ser desperdiciada y que puede constituir un cambio significativo en la manera de hacer política en el país.
Ojalá los actores políticos tengan en cuenta esta nueva coyuntura y no intenten aplicar viejas recetas en un sistema político que vive grandes transformaciones.
*René Cardozo es sacerdote jusuita.
Anillo o circuito
Meses atrás, los medios internacionales hablaron de un cierto “entendimiento” entre Argentina y Brasil, para proponerle un acuerdo energético a Venezuela, que garantice el desarrollo y la integración sudamericana sobre la base de los más grandes productores
Proteger las fuentes
Que un periodista deba ir a la cárcel por no desvelar su fuente de información no es algo sobre lo que una sociedad democrática pueda sentirse satisfecha. Judith Miller, una periodista de The New York Times, ingresó el miércoles en prisión