La educación superior universitaria ha sido tradicionalmente asociada al ámbito público. La naturaleza de esta asociación está obviamente condicionada por la larga existencia de entidades estatales y sin duda —hasta la década de los 80— por su gravitación e influencia en la vida económica, política, social y cultural de la nación, sin embargo, la caída del Muro de Berlín, la consolidación de un mercado global, la transformación de las relaciones planetarias ahora estruc- turadas en grandes bloques, etc. no logran afectar de manera sustancial la universidad pública, de hecho las tensiones ideológicas que la dominan por dentro aún hoy parecen actuar con su propio peso y en algunos casos hasta en su propio perjuicio. La universidad pública por muchos años se muestra anclada en el pasado.
De forma paralela habían surgido entidades de educación superior privadas. La Universidad Católica Boliviana incursiona adoptando una posición mucho más realista en tanto los criterios de excelencia académica y una visión moderna de la sociedad (ya para entonces se habla de la “sociedad del conocimiento”) sustituyen los componentes ideológico-políticos que desangraban las estructuras internas en el resto de las universidades públicas del país.
Aunque la UCB es una universidad que forma parte del Sistema Universitario Público, se considera así misma como una entidad de “derecho privado”, su gran mérito estriba en que apertura el camino de las 32 universidades privadas que desde hace aproximadamente 20 años se van abriendo en todo Bolivia.
El surgimiento de universidades privadas crea por secuencia natural un conjunto de requerimientos de diferente naturaleza que el Estado no había considerado antes. Nuevos desafíos y formas renovadas de formación se instalaban en la sociedad boliviana. El Estado como tal parecía ausente de tan importante proceso. De 1997 al 2001 podría considerarse en periodo de reglamentación asumida por el Estado de forma independiente del sistema público. Para entonces más de sesenta mil alumnos estudian en sus aulas; a la fecha la cifra fácilmente llegaría a los cien mil estudiantes.
Ciertamente mucha agua ha corrido bajo el puente. La mayoría de las universidades privadas son ahora instituciones estables, consolidadas estructuralmente, y aunque podrían mostrar deficiencias en términos de gestión esto es menos agudo que en las públicas.
Todo está dado para que Bolivia amplíe de forma sistemática su cobertura académica y sus niveles de calidad, excepto que aún el Estado no ha definido políticas de Educación Superior que permitan orientar el esfuerzo (tanto privado como público) al desarrollo y la superación de los niveles de pobreza actuales, en suma, cómo las naciones ahora desarrollan en función de lo que saben, es más que necesario definir los rumbos de la educación superior, única garantía de progreso y equidad.
*Renzo Abruzzese es sociólogo.
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