Después de todas las idas y venidas en nuestra vida republicana, muchos creen que la democracia triunfó.
Es decir que con el “referéndum”, la “constituyente” y las elecciones venideras, llegamos como sociedad a esa meta llamada democracia, sin pasar por la guerra civil ni por la autodestrucción. ¿Pero qué es en realidad la democracia?
En una sociedad “puzzle”, compuesta por miles de pedazos, ¿es posible llegar al gobierno del estado por el pueblo?
Si es así, ¿por qué degradamos ese ideal simplemente a una igualdad básica de la mitad más uno? Ya pasadas las elecciones y como nadie tiene la mayoría absoluta, se pacta, se vende, se embarra todo aquello que algún rato vendieron como la única opción y verdad, cayendo nuevamente al manoseo de lo que podría ser la base de una sociedad nueva.
Durante el triunvirato General-MNR-Falange tuvimos definitivamente que aprender lo que NO es democracia, pero a pesar de que las lecciones fueron reales y gratuitas, no aprendimos nada, porque el valor civil se perdió y pierde en el momento en que los intereses personales están por delante. Es por eso que después vino la obra carnavalesca titulada “Democracia con la ADN y el MNR” y nosotros fuimos los espectadores de palco que asumieron sus responsabilidades o no y se quedaron callados, convirtiéndonos en cómplices de todo lo que ocurrió y pudo ser evitado.
La memoria del pueblo es efímera, pero las consecuencias de tanta politiquería no lo son y esas consecuencias las estamos pagando doble y lo peor del caso es que esas deudas las tendrán que pagar generaciones venideras, a las que les robamos el futuro simplemente por la ignorancia de ser los comodones, egoístas, tradicionales que gobernaron o co-gobernaron al país como si fuera una finca privada, dejando de lado los componentes básicos de lo que ahora llamamos democracia.
Por eso, ¿quién define lo que es democracia? ¿Cuáles son los elementos que caracterizan a una sociedad democrática?
¿Será la existencia de un parlamento la prueba más eficiente de que el pueblo gobierna? ¿Será la existencia de un parlamento la prueba más eficiente de que una sociedad es democrática? ¿Si vivimos en democracia, para qué necesitamos de partidos políticos, que llegado su turno se reparten los cargos públicos como si el ganar unas elecciones significara de facto el saquear todo lo que aún (nos) queda?
En algún momento de nuestra historia se dio un salto en el tiempo y los conceptos esenciales para formar una sociedad democrática se perdieron, en las palabras falsas de tantos sofistas que sin mucha habilidad nos metieron los dedos a la boca y nosotros vivimos por mucho tiempo balbuceando todas aquellas falsedades aprendidas de memoria.
La democracia no se la puede implantar o construir como si fuera una casa, la democracia hay que vivirla día a día no solamente en los
barrios marginales, pobres, sino también en los barrios ricos, privilegiados. La democracia tiene derechos y deberes para todos y no puede ser como en Chile, donde el general Pinochet se salva de todo y nadie puede comprobar nada, como si su dictadura hubiera sido simplemente un sueño con mucha pesadilla.
Hay miles de definiciones de lo que es una democracia. Nosotros creamos la nuestra, bastante típica, enmarcada en las estructuras de la mita y encomienda, basándonos en los derechos de los latifundistas y mineros grandes y con esas bases creemos poder construir algo para el pueblo, olvidando una vez más que el hambre, la miseria, la ignorancia, la corrupción no pueden ser erradicadas con discursos de plazuela, adornados con palabras tecnócratas que suenen a progreso.
Las palabras dejaron de ser alimento, los sueños dejaron de ser consuelo, la vida sigue, el tiempo pasa y con cada minuto que perdemos eternizamos un poco más el calvario que desde la colonia construimos. La democracia es efectivamente la forma de poder convivir en paz, mejorando nuestras condiciones de vida, pero para poder vivirla tenemos primero que entender que la democracia no es un juego, donde el que tiene el comodín ha ganado. En la democracia no hay comodines.
*Carlos Meleán, boliviano, es consultor en Informática en Hamburgo, Alemania.
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