Era una verdad de Perogrullo que Al Qaeda realizaría atentados terroristas a Inglaterra. Tres aparatos explosivos a distintas estaciones de metro y uno a un autobús dieron muerte a 52 personas y dejaron setecientos heridos. No es difícil prever, infelizmente, que los próximos de la lista serían Italia y Dinamarca por tener presencia militar en Irak y Afganistán.
No debe sorprender que las recientes bombas hayan sido puestas cuando se realizaba en Escocia la Cumbre de los G-8, que duplicaba la asistencia a los países africanos para aliviar la pobreza. Al Qaeda quiso deslucir la cumbre y dejar claro que la pobreza no es la causa del terrorismo, como Blair justificó de forma injustificable, aunque sin duda que es una de las causas.
Al Qaeda afirmó que los ataques fueron en represalia por la presencia de tropas británicas en Irak. Esta ha sido parte de la cadena de venganzas como la del 11-Sep en Nueva York y el 11-M en Madrid a raíz de la absurda invasión a Irak que justificaron alegando que había armas de destrucción masiva que nunca existieron.
Esta guerra no convencional, sucia, cobarde y desigual se debe principalmente a lo que predijo en Huntington en su libro El Choque de las Civilizaciones, donde afirma que los conflictos no serán por problemas ideológicos ni económicos sino por aspectos culturales basados en la diferencia de religiones. Éste asegura que la reafirmación del Islam significa el repudio de la influencia estadounidense y europea en la sociedad, la política y la moral.
Para los musulmanes, occidente está corrompido por la carencia de religión y moral. Prueba clara es que la instrucción para atacar Londres salió a través de un comunicado que tenía como fin vengar las profanaciones del Corán por parte de soldados de EEUU en Guantánamo donde están detenidos cientos de islamitas. Es más, en días pasados el Embajador de Egipto en Bagdad fue ejecutado por Al Qaeda por ser el “embajador de los apóstatas” (los que cambian de fe) y por su supuesta simpatía por los judíos y los cruzados.
Tras los atentados, Rodríguez Zapatero propuso “La alianza entre civilizaciones”. Aquello sólo es una muestra de buenas intenciones, pero nada más alejado de la realidad porque si algo divide al mundo son las civilizaciones.
Este fanatismo religioso, ese odio islámico a occidente desgraciadamente se manifiesta con el terrorismo. Su fanatismo supera el valor de la vida que para un occidental es lo más preciado. Es por eso que están dispuestos a inmolarse bajo la creencia que su sacrificio en la tierra les dará una vida plena después de la muerte.
Por eso asesinar les es indiferente y se empecinan en que las víctimas sean inocentes. Mientras EEUU y sus aliados no retiren sus tropas de Irak y Afganistán y continúe ese fanatismo religioso de los musulmanes y Bush no deje su propio fanatismo los ataques no cesarán y se seguirán cometiendo crímenes en nombre de Dios y a la larga los islámicos declararán una Guerra Santa a occidente.
Este es sólo el principio.
*Verónica Ormachea G. es periodista.
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