Este artículo en esencia fue gentilmente publicado por este medio de prensa el año pasado, pero dada la coyuntura creo que es el momento de insistir en el tema, a fin de que contribuyamos a evitar que nuevamente se cometa una barbaridad, como califico el financiamiento estatal a los partidos políticos.
En esa ocasión decíamos que una millonaria suma de aproximadamente de Bs 65,0 millones iba a ser distribuida entre los partidos políticos, como parte del financiamiento estatal a las campañas para las elecciones municipales de diciembre pasado. Ahora estamos hablando de Bs 86,0 millones para el financiamiento de las campañas políticas para las elecciones nacionales de diciembre del 2005. Cuánta ironía en un país tan pobre.
Esta espectacular cifra equivale aproximadamente a $us 11,0 millones, monto suficiente para construir 56 escuelas modelo para combatir los altos índices de analfabetismo o seis hospitales totalmente equipados, que cuánta falta nos hace. Con esa cantidad sería posible también construir una carretera asfaltada de aproximadamente 42 kilómetros o reducir el déficit fiscal por lo menos en 1%. Podríamos fácilmente con esos recursos financiar un programa de seguridad ciudadana de gran impacto, a fin de atenuar los niveles de delincuencia que tanto nos preocupan, o mejor aún se podrían construir 5.500 viviendas de tipo social. No olvidemos que nuestro país está calificado como uno de los peores en cuanto a desarrollo humano se refiere.
Recordemos que la razón que dio lugar a que los políticos sancionen una ley, para que los partidos utilicen fondos públicos en sus campañas, fue el hecho de que se evidenció que los aportes privados para las campañas se recuperaban en las gestiones de gobierno con creces. O peor aún, que los aportes provenían de fuentes nada transparentes, por decir lo menos. ¿Se habrá conseguido con esa ley evitar la corrupción o disminuir el lavado de dinero? Definitivamente no. Bolivia sigue calificado como uno de los países más corruptos en todo el mundo. Entonces, a qué santo seguimos gastando los pocos recursos que tenemos, para que los políticos financien sus cansadoras campañas sin ningún provecho para el país.
Resulta inconcebible que estemos a punto de derrochar Bs 86,0 millones y por otro lado estemos extendiendo la mano al país del norte y a organismos multilaterales buscando ayuda para cubrir necesidades básicas del Estado. El Estado está prácticamente quebrado. Tenemos una deuda externa de alrededor de $us 5.000 millones y una deuda interna de bordea los $us 2.000 millones. No es entendible que por un lado se desembolsen Bs 86,0 millones para los partidos políticos y por el otro el Ministerio de Hacienda tenga que hacer maravillas para cubrir la subvención para el consumo interno de diesel y gas.
Lastimosamente no se pudo hacer nada el pasado año para evitar una sangría al fisco de aproximadamente Bs 65,0 millones, que fueron entregados a los partidos políticos, especialmente al MNR y al MIR, para que financien sus campañas en las elecciones municipales, pero sí podemos hacer algo para que ahora se modifique la norma que permite esta insensatez. Entonces hagamos algo.
*Carlos Benavides Gisbert es ciudadano boliviano.
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