La última entrega de A Destajo estuvo dedicada al Arte de callarse, esta vez será el arte de hablar, pero no vanamente, sino para tener siempre razón. A. Schopenhauer, a quien recuerdo de mis ya lejanas clases de filosofía como un metafísico alemán, vale decir serio, algo oscuro, tentado por la sabiduría budista, cultivando un pesimismo en el gusto de los desalentados burgueses de fines del XIX, escribió un librito, por el número de páginas, para aprender a salir victorioso de las discusiones con justificaciones o sin ellas.
La intención del autor no fue cínica, al contrario pretendió prevenir a sus alumnos acerca de los riesgos, de las tretas que una controversia puede acarrear consigo, aunque el texto admite una segunda lectura que puede incitar al lector a armarse de estratagemas, como llamó a sus prevenciones, para apabullar al oponente siendo de mayor mala fe que él. El arte de tener siempre razón, título de la obra, a pesar de los más de 140 años de su primera publicación, no ha perdido actualidad, sobre todo hoy cuando el diálogo se ha convertido en un instrumento privilegiado para encontrar un consenso en los distintos campos de la vida social y política. Consenso que se desea franco, abierto, leal, pero que sin embargo, ya sospechó Schopenhauer, presenta aspectos de una justa dialéctica y como tal está sembrado de trampas y emboscadas verbales que el filósofo buscó descubrir.
Schopenhauer disoció la dialéctica de la pretensión de Platón y sus seguidores que hacían de ella la vía para alcanzar la verdad y el bien, convirtiéndola en una estrategia discursiva anclada en “la perversidad natural de los hombres”, en su fatuidad. Si éstos no existieran, nadie buscaría otra cosa en los debates que sacar a flote lo verdadero o lo justo, pero la vanidad, es innata en el género humano y se acompaña de una deshonestidad originaria así como de una incontinencia de la palabra. La mayoría de la gente habla para hacer prevalecer su punto de vista, trocando lo cierto en falso y viceversa. La hipótesis planteada obliga a revisar la manera de comprender las discusiones que responderían así no sólo a los intereses materiales o ideológicos de las partes en presencia sino y principalmente a sus impulsos básicos.
La obra contiene 38 estratagemas generales y varios apéndices de ataque y defensa dialécticos que van desde el conocido recurso de extender las afirmaciones del adversario más allá de sus límites lógicos vaciándolas de todo contenido a fin de debilitar la posición contraria hasta el golpe brillante de dar vuelta al argumento del oponente para servirse en su propio beneficio. Si alguien sostiene, ejemplifica el autor: “Hay que tener indulgencia porque es un niño”, responder de inmediato: “De acuerdo, por eso mismo hay que castigarlo para que los malos hábitos no hagan presa de él”, es una buena argucia. Igualmente resulta útil sacar fuera de contexto las proposiciones del oponente prestándoles significados tan disparates que fuerzan al proponente a embrollarse en rectificaciones. Ahí concluye la controversia.
Apabullar a la persona con la cual se discute con preguntas, destacando sus contradicciones o deduciendo conclusiones propias, constituye una estratagema valiosa al igual que encolerizar al adversario llevándolo a perder la chaveta. No otra cosa hizo el general F. Franco con Hitler en la entrevista de Hendaya a donde llegó voluntariamente tarde para encontrar un Fuhrer fuera de sí incapaz de obtener nada de su aliado español.
Los argumentos contra el hombre y no contra sus afirmaciones no podían faltar en el arsenal de armas para tener siempre razón. Tampoco la habilidad retórica de despertar las simpatías o la conmiseración del auditorio, de la opinión, actores de todo debate no privado. Empleada con frecuencia por los demagogos o políticos, resulta un recurso efectivo, aunque apenas disimula su pobreza de pruebas concluyentes, de solidez argumental y cae con facilidad en el sofisma. Tal el caso de aquel parricida que obtuvo una declaratoria de inocencia de un jurado comprensivo, pidiendo compasión con un pobre huérfano.
Hay una variedad de consejos en la obra para salir airoso de las confrontaciones de palabra, mas el autor reconoció que la única parada infalible es la de no comprometerse en discusiones con el primer llegado. Conocer las fortalezas y debilidades del competidor aparece como la condición indispensable para entrar en esas lides.
El arte de tener siempre razón ofreció estratagemas para todos los temperamentos sin negar que la palabra también puede servir para revelar las presencias reales, en la bella expresión de G. Steiner, es decir, las verdades en la naturaleza y la sociedad. El empleo de ésta para enmascararlas fue especialmente subrayado por Schopenhauer debido al pesimismo y a la convicción de la debilidad natural de la especie humana, que constituían el equipaje intelectual del filósofo.
El que se encuentre libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién puede en toda honestidad decir que jamás quiso ganar una discusión a cualquier precio? Por eso amigo lector tal vez convenga guardar esta lectura en reserva. El propio autor parece que dudó antes de hacer públicos los consejos que dio en la cátedra, pues entre las lecciones y la publicación del libro pasaron varios años. No le faltó coraje al filósofo para levantar la confidencialidad de su curso sobre las artimañas de la dialéctica, que hace de la controversia una suerte de guerra para tener siempre razón, en la cual los hombres se dejan naturalmente arrastrar.
*Salvador Romero P. es sociólogo.
Estabilidad cambiaria
Desde mediados del mes de marzo del año en curso el tipo de cambio de la moneda nacional se ha mantenido fijo en Bs 8,1 por dólar americano, cuando su comportamiento en el país siempre ha sido de una continua
Verdad de Perogrullo
Era una verdad de Perogrullo que Al Qaeda realizaría atentados terroristas a Inglaterra. Tres aparatos explosivos a distintas estaciones de metro y uno a un autobús dieron muerte a 52 personas y dejaron setecientos heridos.
Financiamiento a partidos
Este artículo en esencia fue gentilmente publicado por este medio de prensa el año pasado, pero dada la coyuntura creo que es el momento de insistir en el tema, a fin de que contribuyamos a evitar que nuevamente se cometa una barbaridad
Alina Paz Estenssoro
Escribo estas líneas como un sentido homenaje póstumo a una de las fundadoras del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Entiendo que desde la perspectiva de esta horrenda actualidad