Escribo estas líneas como un sentido homenaje póstumo a una de las fundadoras del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Entiendo que desde la perspectiva de esta horrenda actualidad, haber formado parte de la fundación de un partido tan pisoteado puede parecer poca cosa, pero estoy seguro de que, para quienes realmente comprenden la historia contemporánea del país, el privilegio de haberle dado vida a ese maravilloso instrumento político es un hecho trascendental.
Las idas y venidas con las que esta vida nos sorprende, me regalaron el honor de compartir junto a su familia, los últimos años de vida de doña Alina. Mis recuerdos estarán siempre ligados al asombro que me causaba la lucidez mental de una mujer que sobrellevaba sus más de noventa años con una dignidad fuera de lo normal. Los achaques físicos propios de una persona de su edad, pasaban desapercibidos frente a una inusual entereza intelectual. Su
diminuta presencia física contrastaba con su excepcional inteligencia y sentido de la oportunidad: en las bulliciosas reuniones familiares, destacaban siempre sus comentarios sesudos y pertinentes. La palabra precisa en la circunstancia correcta, caían como un rayo en la tormenta de vozarrones que sacudían las reuniones familiares de los Campero Paz.
La serena dignidad de doña Alina, no ocultaba, sin embargo, la gracia y la calidez del cariño que irradiaba a su alrededor. Será muy difícil olvidar los pequeños gestos con los que esta gran señora retribuía nuestro respeto; en lo personal recordaré especialmente el honor que me hacía repitiendo con gusto mis platos cuando se me solicitaba en la cocina.
La vida de Alina Paz Estenssoro fue un ejemplo de discreción. La hermana del cuatro veces presidente de la república, nunca hizo alarde de su condición, ni se aprovechó de los privilegios del poder. Aún cuando su hermano Víctor ejercía la presidencia, doña Alina prefería el colectivo a los choferes y guardaespaldas. Su vida y su muerte fueron ejemplo de la austeridad de quienes nunca se sirvieron de la política.
En estos tiempos de vacío ideológico y de relativismo ético, el legado político y personal de esta generación de fundadores del nacionalismo revolucionario, nos obliga a proponernos la recuperación de la esencia del pazestenssorismo. El verdadero homenaje que podemos rendir a la memoria de los Paz Estenssoro, es la reivindicación de sus ideales y la reconstrucción de su propuesta política. Los movimientistas, que vemos con horror cómo nuestra sigla ha sido usurpada por intereses personales, debemos responder al desafío de recuperar lo único que no nos ha sido arrebatado por la fuerza del dinero: el carácter revolucionario del pazestenssorismo.
La orfandad de propuestas políticas con una verdadera visión nacional, así como la urgencia de nuevos actores políticos, nos imponen la necesidad de mirar por un momento hacia atrás, para rescatar los desafíos originales del movimientismo, hoy más vigentes que nunca. Solamente así podremos honrar el sacrificio de nuestros fundadores, y hacer que su vida y obra no hayan sido en vano.
Como siempre ha ocurrido en mi familia y en la familia de los Paz, la política se cuela por todos lados haciéndose parte indisoluble de nuestras vidas. Estas líneas son entonces al mismo tiempo, un tributo político a una fundadora del MNR y un recuerdo personal a la abuela de mi esposa Mariana y a la bisabuela de mi hijo Agustín.
*Ilya Fortún es comunicador social y militante del pazestenssorismo.
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