En 1982 volvió a nacer la democracia en el país, ahora 23 años después, Bolivia se encuentra más dividida que nunca por el regionalismo y un Estado debilitado y casi inexistente, donde en menos de tres años, dos presidentes constitucionales se vieron forzados a renunciar por presiones de movimientos sociales radicales e ilegales que sólo buscan el descalabro de la democracia. Lo mejor que hemos logrado, hasta el momento, es poner a Bolivia en la lista negra de países poco viables para los inversionistas, pero nos hemos convertido en grandes productores de coca, y obviamente cocaína, así está Bolivia en el 2005.
Somos un país gravemente empobrecido socialmente, con niveles de ignorancia muy peligrosos, dirigido por una casta de políticos corruptos e incapaces, dividido por el regionalismo y por llamadas “agendas” que no buscan la igualdad ni el porvenir de los bolivianos y bolivianas en su mayoría, sino que más bien apuntan al conflicto y al odio.
Ahora, con un panorama poco más claro debido al adelantamiento de elecciones generales, el país se juega su última carta en el juego de la democracia. Esta es una última oportunidad para revivir a Bolivia, pero con la gran dificultad de encontrar líderes de verdad, volvemos a ver en el panorama electoral las mismas caras de protagonistas del pasado, la gran mayoría responsables de muchos de los hechos lamentables que ha sufrido el país.
Y debido al nuevo sistema electoral que se ha abierto a agrupaciones ciudadanas y pueblos originarios, ningún candidato, dadas las condiciones actuales y sin la oportunidad de realizar una segunda vuelta, lograra una mayoría importante que dé legitimidad al mandato.
Estoy seguro que, tanto las elecciones generales como el proyecto de Asamblea Constituyente no van a resolver los problemas del país, si antes, estos protagonistas electorales no firman un acuerdo político, que incluya a todos los participantes de las elecciones generales, donde se comprometan, primero a presentar proyectos claros y realistas de gobierno durante las campañas.
En estos debates, además de temas tan importantes como la Asamblea Constituyente y autonomías, también deben incluirse propuestas económicas de los candidatos, para que la gente elija, aunque sea con una simple mayoría qué tipo de país queremos tener. Segundo, se comprometan a viabilizar la elección del candidato más votado en las urnas y de llevar adelante sus propuestas electorales, con las debidas observaciones a las mismas, para que de esa manera no volvamos a tener a la anarquía callejera dictando el futuro del país y de ese modo nos lleve otra vez, pero esta vez sin retorno, al caos generalizado, y al entierro final de Bolivia.
*Patricio Crooker es periodista.
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