Parece como si estuviéramos soñando. Tantos años de sobresaltos sociales y políticos nos habían acostumbrado a sobrevivir en medio de la inseguridad sobre lo que ocurriría mañana. Los últimos gobiernos se dejaron prender en la telaraña pegajosa de presiones de toda índole y no fueron capaces de poner orden en ese chiverío. De ahí que cada sector protestatario salía a las calles reclamando exigencias, razonables o no. Ningún Gobierno, ni que tuviera los tentáculos de un pulpo, era capaz de atender tantos reclamos a la vez.
El primer mérito del presidente Rodríguez Veltzé, por cierto bien asesorado, fue parar el carro de los gritones callejeros con el simple recurso de poner orden en las demandas que merecían la pena de ser tenidas en cuenta. Como es de pura lógica, empezó por lo primero que era planear el cambio total de caras en la cúpula estatal, o dicho como Dios manda, convocar a elecciones generales para diciembre. Con sólo esto, cesaron los vientos contaminados por tóxicos políticos. Y aunque ya han salido de sus madrigueras quienes denuncian la inconstitucionalidad de esa convocatoria, la gente está distraída con la idea de votar. Votar una vez más, ejercicio cívico que nos encanta. ¿Votar por quién? Esta es otra cuestión que tendremos tiempo de tratar.
Segundo paso en poner cada cosa a su tiempo y en dar un tiempo para cada cosa: la Asamblea Constituyente y el referéndum autonómico. Dos temas de la máxima importancia, pero que no pueden ir separados ya que entre los capítulos que debe legislar una Constitución está el régimen territorial. Tan inseparables son las dos cuestiones que la prudencia exige tratarlas con el máximo cuidado. Por eso se aplaude la creación de dos consejos, el preautonómico y el preconstituyente, que deben desbrozar el terreno, evitando en la medida de lo posible las improvisaciones, ligerezas, incoherencias, vacíos y otros defectos que abundan en leyes escasamente meditadas y peor elaboradas.
Así que tenemos por delante la verbena electoral que movilizará incluso a muchos apáticos. Además de los dos consejos “pre” que exudarán toneladas de verbo y tinta. Durante este interregno aceptablemente pacífico, las petroleras han empezado a presionar para que se cumplan los Tratados de Protección Recíproca de Inversiones ratificados por los Estados Contratantes. Las empresas buscan conciliaciones amigables. De no lograrlas, recurrirán al juicio de arbitraje en una corte internacional. Mucho me temo que estos tira-y-afloja entre las petroleras y el Gobierno se politicen de tal manera que volvamos a sufrir serias alteraciones del orden público, alentadas por los caudillos, llamémosles altermundistas.
Volvamos ahora al motivo central de este artículo, es decir, el orden marcado por el presidente Rodríguez Veltzé, a eso que llaman agendas. ¡Pero si la agenda es precisamente el cuadernito en el que se anotan, por días y horas, los compromisos que llueven de una y otra parte! Es lo que cualquier ama de casa sabe muy bien y que los anteriores gobiernos no supieron hacer. Gracias a la lógica del orden, sin exhibicionismos, estamos pasando un tiempo de tranquilidad que permite trabajar sin más sobresaltos que los normales en la agitada vida moderna. ¡Que dure!
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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