En el año 1985, el presidente Víctor Paz Estenssoro pronunció una célebre frase: Bolivia se nos muere. Veinte años después podríamos decir lo mismo de nuestra región. Chukutas: La Paz se nos muere. El epicentro de la crisis política y económica por la que atraviesa Bolivia es la ciudad y también el departamento de La Paz. Veamos algunos datos. La región presenta, en general, indicadores sociales y económicos que son inferiores a los promedios nacionales y a otros departamentos del país. El Índice de Desarrollo Humano del departamento de La Paz es 0,63 mientras que el promedio nacional es 0,64 y el de Santa Cruz es 0,68. Otros indicadores en salud y educación tampoco son muy alentadores.
El Índice de Competitividad, que incluye los siguientes parámetros 1) fortaleza económica, 2) desarrollo humano, 3) capacidad empresarial, 4) infraestructura, 5) fortaleza institucional, es de 0,51. En Santa Cruz este mismo índice alcanza a 0,82. La Paz sólo gana en competitividad regional a los departamentos de Potosí, Chuquisaca, Beni y Pando.
Según el INE, el PIB per cápita del departamento de La Paz, en el año 2004, era de 828 dólares americanos, por debajo de Cochabamba ($us 990), Santa Cruz ($us 1.250), Tarija ($us 987) y Bolivia ($us 949). La Paz concentra al 28 por ciento de la población total del país y tiene un perfil demográfico muy joven. Proyecciones realizadas para el año 2005 muestran que la mayor parte de los paceños tienen cumplidos los 24 años de edad. La población menor a 15 años constituye el 35 por ciento del total regional. Esta situación demográfica puede ser una oportunidad, pero también un gran problema. En el primer caso puede significar más fuentes de ingreso por familia, más posibilidades de educación y mayores tasas de ahorro, en el supuesto que haya un boom en la producción y generación de empleos en La Paz, que acompañe a la pirámide población. Caso contrario estamos frente a una bomba social, cuyos primeros efectos los hemos visto en los últimos años. En concreto, paceños más jóvenes puede significar mayor desempleo, aumento de la criminalidad y ampliación de la brecha de la desigualdad. De la población total del departamento de La Paz, 1755,244 personas se encuentran en edad de trabajar, y sólo el 40 por ciento trabaja o busca trabajo activamente, el resto sobrevive en la pobreza y la informalidad.
El PIB paceño, si tomamos en cuenta el año 2004, se generó mayormente en servicios. El 17% por ciento proviene del transporte, comunicaciones y comercio; el 14,5 por ciento del sector público, los paceños amamos el Estado. El 14 por ciento del producto lo generan los establecimientos financieros, y el 10,8 por ciento de las industrias manufactureras para mencionar las más importantes contribuciones. Con las autonomías y la mayor desconcentración económica, la economía paceña se achicará más aún. En suma, viviendo sólo de servicios no llegaremos muy lejos.
La situación no es mejor en relación a la inversión directa extranjera por habitante. En el año 2002, La Paz registró $us 66 mientras que Santa Cruz registró $us 215,6 y Bolivia $us 103.
Los datos presentados muestran el fracaso de parte de las élites empresariales y políticas paceñas que se aferraron a los negocios del Estado y el sistema financiero, descuidando la producción y la generación de empleo sostenible. Pero también son el reflejo de un departamento bloqueado por la intolerancia y el radicalismo.
Pero como se dice por estos lados del país, a llorar al río. Si los chukutas pico amarillo no despertamos, estaremos condenados a vivir de las rentas que nos envíen los departamentos productores de gas natural y la cooperación internacional. Por eso es hora de cambiar el disco duro y el software que hemos usado en el último siglo. El departamento de La Paz debe comenzar a pensar y actuar a partir de sus propias potencialidades económicas. Abordar el desarrollo nacional a partir de lo local. Estuvimos por mucho tiempo preocupados con la nación, es momento de cambiar el enfoque. También se contribuye al desarrollo del país a partir de los intereses económicos y sociales regionales. Así lo han demostrado otras regiones de Bolivia.
El departamento de La Paz puede ser el centro de un nuevo polo de desarrollo que abarque la región occidental del país, el norte de Chile y el sur del Perú. Los ejes del modelo de desarrollo local deben ser la manufactura liviana (El Alto debe ser una plataforma industrial de grandes, pequeñas y medianas empresas), el turismo, la agricultura basada en papas, habas y quinua. La minería también debe ser fomentada. La Paz debe recuperar su vocación productiva, democrática y ser la vanguardia en la equidad social y étnica. Para esto debe florecer un liderazgo político y empresarial, mestizo e indio, emprendedor. El capital social, que habita en las organizaciones sindicales y sociales, debe ser canalizado a la productividad y competitividad. El desarrollo local debe ser la nueva obsesión de los paceños.
El departamento de La Paz se muere. Es conocido que los paceños hablamos con eco, si no se revierte el anterior diagnóstico, la próxima vez que salgamos orgullosos a querer decir La Paz y nada más, nuestro eco responderá: ¡yaaaaaa..! Su huevada.
El club de países amigos
Tiempos interesantes los que vive la región. Los países vecinos están proponiendo un esquema de integración energética por el que todos los recursos serían compartidos, amigablemente, con el lema de uno para todos y todos para uno.
Poner orden
Parece como si estuviéramos soñando. Tantos años de sobresaltos sociales y políticos nos habían acostumbrado a sobrevivir en medio de la inseguridad sobre lo que ocurriría mañana.
Víctimas
Hace exactamente cinco años y 11 meses, los paceños vivimos con el mismo estupor e indignación que tenemos ahora el trágico destino de la niña Patricia Flores, violada y asesinada en su escuela.
La antigüedad de la cultura andina
A través de dos notas en sus páginas editoriales, el matutino La Razón expresó la necesidad de que los historiadores bolivianos aclaren la verdadera antigüedad de las culturas andinas,