En Chipaya la pobreza es una constante mientras la protagonista central de “Vuelve Sebastiana”, a sus 63 años, cuida aún ovejas y llamas.
Texto y Fotos: Cándido Tancara
Nos recibió con un traje típico de las mujeres chipayas, el urku, parecido a un vestido negro, que cubría desde los hombros hasta los tobillos. Debajo, mientras, otro vestido de color blanco le tapaba los brazos. En su cabeza llevaba numerosas trenzas, con las puntas adornadas con flecos de lana color rosado. Y, además, tenía prendedores amarillos.
Así estaba vestida Sebastiana cuando la visitó Escape, casi de la misma forma que cuando actuó en la película Vuelve Sebastiana (Jorge Ruiz, 1953), sólo que con algunas arrugas demás en la cara, por el paso de los años, y quemada por el sol y por el frío, una constante que golpea las pampas de los Uru Chipaya.
Normalmente, Sebastiana vive en el ayllu Vistrullani. El filme, sin embargo, se realizó hace 52 años en Chipaya, población ubicada en la provincia Atahuallpa, 280 kilómetros al suroeste de la ciudad de Oruro. Y aquella niña que en la película se interna por el pueblo de Sabaya —a donde su abuelo va a buscarla para intentar convencerla de que regrese a Chipaya—, ahora es una anciana que lleva muchos años sin salir de su pueblo y dedica todo su tiempo al cuidado de su esposo, sus hijos, sus ovejas y sus llamas; y a mantener la identidad Chipaya.
Precisamente, a través del argumento central de la película se retrata la vida de los chipayas, se hace un repaso por sus creencias, costumbres, mitos y ritos, se refleja la manera en que se construyen las viviendas y la relación con la agricultura como medio de subsistencia.
En ese contexto, según los críticos de cine bolivianos, Sebastiana —en el filme una niña pastora— muestra con emoción esa realidad.
Y cuando el abuelo y la niña regresan a su pueblo, el anciano cae y muere por todo el esfuerzo realizado en el rescate. Agónico pide a su nieta que lo deje en el camino y que vuelva a Chipaya. Finalmente, la película termina con el emotivo ritual del entierro del abuelo, y Sebastiana retorna a su pueblo.
Ese tristísimo destino, gracias a Dios, en la vida real no se ha repetido, pues Sebastiana ha sido por tiempo una destacada protagonista para los destinos de su gente.
Así, de joven fue dirigente de su pueblo, y en una de las visitas a La Paz pidió ayuda a Jorge Ruiz para mitigar los daños causados por la inundación ocasionada por el desbordamiento del río Lauca. El cineasta, sumergido en esos afanes, la entrevistó por televisión, proyectó la película e hizo un llamado exitoso a la ciudadanía paceña. La respuesta fue generosa y Sebastiana retornó a su pueblo con lo que había reunido para distribuir equitativamente entre los comunarios.
Hoy, después de 52 años, aquella pastorcita de ovejas es, como decíamos, una anciana que no ha salido de la pobreza y que recuerda entre lágrimas las escenas de la filmación, sobre todo porque en ellas sus padres todavía siguen vivos.
Con todo, aunque pobre, Sebastiana junto a su esposo Juan Alavi y los ancianos y sabios de la comunidad, contribuye ahora en la construcción del alfabeto Uru Chipaya, un aporte que cuenta con la participación de varios lingüistas y técnicos del Ministerio de Educación.
Y para muchos sigue siendo todavía la más chiquitita de la inolvidable película, como bien hace notar su hija menor, Emiliana Alavi.
Escape, mientras, en un encuentro con esta leyenda viva del cine boliviano, ha rescatado guiños tanto del presente como del pasado.
Sebastiana, ¿podría presentarse de manera muy escueta? Mi nombre es Sebastiana Quispe Mamani, tengo 63 años y he nacido el 26 de marzo del año 1942.
¿Se animaría ahora a contarnos un poco acerca de su familia? Mis papás ya han muerto. Tengo un hermano muerto y otro vivo, que está en Vistrullani. Tengo tres hijos y 10 nietos. Mi hija mayor tiene cuatro hijos, ha muerto su esposo y ella ha dejado a sus cuatro hijos en Ajarahui (estancia Chipaya) y se ha ido a Chile a trabajar. Mi hijo tiene, a su vez, seis hijos y vive en Vistrullani. Y mi hija menor cursa segundo medio en Chipaya.
¿Cuál es su actividad diaria? Sólo pasteo ovejas. Tengo 75 llamas. Mi esposo suele ir a Chile a trabajar y aquí hace la chacra.
¿Recuerda cómo filmaron la película que lleva su nombre? Sí, estaba en la escuela y tenía 10 años. Filmamos la película en este pueblo. Entonces aquí las casas eran todas redondas y con techo de paja, no había casas cuadradas y con techo de calamina como actualmente. Pero todo ha cambiado en este pueblo. Ahora la mayor parte de las casas tienen techo de calamina. En Chipaya (donde fue filmada la película, que hoy día tiene forma de centro urbano), las casas antes eran redondas y ahora son cuadradas. Y las casas redondas sólo se ven en los cuatro ayllus; Vistrullani (donde ella suele estar), Aransaya, Manansaya y Ayparavi.
¿Se acuerda de Jorge Ruiz, el director de la filmación? ¡Ah! sí, el Jorge Ruiz. Mi papá y mi profesor de la escuela Santa Ana me lo “prestaron” a Jorge Ruiz para que se lleve a cabo la filmación. También me llevaron hasta Sabaya.
¿Qué hacía en la película? (Empieza a llorar y se limpia lo ojos). Mi papá y mi mamá, Paulino Quispe y Carmen Mamani, se ven en la película. Han participado de la filmación. Cuando tuve la oportunidad de ver la película lloré mucho, porque mis papás viven en la película y, sin embargo, ya están muertos, pero en la película viven...
¿Dónde es que vio la película? Fui a La Paz para ver la película porque me dijeron que yo estaba ahí. En La Paz, mi hermano, Juan Quispe, se encontró con Jorge Ruiz. Y en otra ocasión también fui a La Paz, cuando me junté con mi marido, en 1976. Él me ha dicho que la película fue hecha a pedido del presidente, que en 1953 —fecha de realización del filme— era Víctor Paz Estenssoro, y que Jorge Ruiz tiene en su poder la cinta.
¿Llegó a cambiar en algo su vida después de la filmación? Sólo las casas han cambiado. Yo sigo pasteando ovejitas y vivo en el campo. No tengo nada. Aquí la gente sólo tiene ovejas y llamas.
¿Nunca ha vuelto a ir a La Paz? Una vez Jorge Ruiz nos llamó desde allá, pero después se ha olvidado del pueblo y de mí. Hace años que no voy a La Paz y Jorge tampoco ha vuelto, ni nos ha mandado carta.
¿Le gustaría ir algún día? Sí, quiero ir para que mi hija y mis nietos estudien y no se queden como yo. El hijo mayor de mi hijo, Juan Alavi López, ya terminó el cuarto medio y también ha salido del cuartel. Ahora está en Chile y volverá en este mes (mayo). Mis otros nietos, entre tanto, están en la escuela todavía. Mi hija menor, Emiliana Alavi Quispe, está en segundo medio, en Chipaya, y para ella quiero una máquina (computadora) para ayudarla a que estudie después. Un día Jorge Ruiz me dijo que la va a acomodar cuando termine el bachillerato. Entonces es cuando la va a ayudar me ha dicho.
¿Y qué quisiera en el futuro que estudiaran su hija y sus nietos? Me encantaría que estudiaran para salir de secretaria y profesor.
¿Pero no preferiría que estudiaran para hacer luego cine? También pueden estudiar cine.
La película de ruiz
La película Vuelve Sebastiana, presentada en 1953 al público, fue calificada por algunos críticos de cine como una belleza por su autenticidad. Se trata de un filme antropológico, pues recoge los rasgos característicos de la vida de un antiguo pueblo originario del altiplano, los chipayas, antecesores tanto de los aymaras como de los quechuas. El trabajo fue aplaudido por su alto valor etnográfico, pero también fue criticada la forma andinocentrista con la que fue concebido, aunque medio siglo después, su temática continúa todavía vigente. Y es que con Vuelve Sebastiana el país comenzó a reconocer la cara campesina de la historia boliviana, dando paso, en ese tiempo, a una nueva manera de hacer cine en Bolivia.