Se suele definir el oportunismo como la actitud que aprovecha al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones. Y este es uno de los mayores riesgos del sistema sociopolítico ahora que se han convocado a elecciones generales y otros procesos importantes, como la elección de prefectos y la Asamblea Constituyente. Y es que de pronto se ha visto la aparición de distintas figuras, políticas y económicas, que durante bastante tiempo habían permanecido silenciosas y que incluso en muchos casos se encontraban al margen de todo el proceso político.
En este marco, la consolidación democrática debe pasar por la consolidación de las propias instituciones democráticas por encima de los riesgos del caudillismo o del populismo. Las propuestas político-electorales no pueden depender de la figura de turno, sino de los proyectos de país que puedan estar detrás de cada una de las ofertas electorales. Pese a ello, se observa una fuerte tendencia a sobrevalorar la figura del candidato por encima de las propuestas concretas que éste pueda tener para solucionar los principales problemas del país.
Una de las principales demandas ciudadanas que formó parte de la mayoría de las movilizaciones sociales del pasado es la de una sana renovación de liderazgos con la finalidad de hacer de la democracia un espacio más plural y participativo. Sin embargo, la tendencia que se observa en el presente panorama preelectoral es la de generar movimientos que dependen de un claro tinte oportunista y populista. Y una democracia fuerte será aquella que cuente con partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas, fuertes y democráticos.
De hecho, las mediaciones políticas, ahora encargadas a los partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas, deben consolidarse como espacios de diálogo, de renovación de liderazgos y cultura democrática participativa y tolerante. Sería altamente riesgoso llegar nuevamente a un proceso electoral en el que se repitan los errores del pasado y se elija al candidato en función de filias y fobias personales.
En todo esto, el ciudadano tiene el deber de discernir políticamente en función de propuestas viables y eficaces para solucionar los principales problemas del país, y no en función de apreciaciones puramente superficiales para uno u otro candidato. Al mismo tiempo, es deber del sistema político presentar ofertas políticas aglutinadoras y que incluyan un proyecto serio y responsable de país, por encima de oportunismos y populismos que pretenden encumbrar en la primera magistratura al caudillo que sabemos, desde ya, no solucionará ni consolidará la democracia boliviana.
*René Cardozo es sacerdote jesuita, diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
¿Rayos y centellas en el horizonte?
No se necesita oráculo alguno para anticipar lo que nos espera si llegamos a las elecciones presidenciales de diciembre en condiciones de dispersión extrema del voto ciudadano.
Detrás de las movilizaciones...
La reacción de muchos ante las marchas, bloqueos, violencia y convulsiones causados por los movimientos sociales en los últimos tiempos y particularmente durante las semanas previas al cambio de Presidente,