El grupo Los Masis lleva 37 años dedicado a difundir el folklore Los chuquisaqueños llevan 37 años difundiendo la música boliviana por el mundo. Su Centro Cultural cumple 25 años compartiendo y enseñando a niños y jóvenes el valor de la identidad. Hoy cultivan ritmos andinos, vallunos y orientales.
MÚSICA ANCESTRAL • El grupo chuquisaqueño Los Masis interpreta desde 1968 los ritmos nacionales.
La sala está llena de decenas de charangos, instrumentos musicales, premios, discos de plata y de platino y muchos recuerdos provenientes de distintas partes de Bolivia y del mundo. Allí se respira el aire de los andes, los valles y el oriente, pues Roberto Sahonero, director del Centro Cultural Los Masis, evoca la memoria de los inicios del grupo que cumple 37 años de vida.
El almanaque marcaba 1968 cuando cuatro universitarios provenientes de Cochabamba, Potosí y Oruro decidieron crear el grupo musical Los Masis, “hermanos”, “amigos”, “camaradas”, “iguales” o “gente de la misma clase” en quechua. Interpretaban bailecitos, cuecas y huayños chuquisaqueños en actos universitarios, como invitados de las Damas Rotarias o en serenatas.
Sus primeros integrantes —Roberto Sahonero, Carlos Antezana, Víctor Yáñez y Ramiro Escalera— encaminaron su proyecto hacia una propuesta mayor. Sahonero recuerda que una de las primeras grandes presentaciones fue en 1962, cuando Jorge Caflune llegó a Sucre, tocaron en la ex Cancha Universitaria, hoy convertida en el Coliseo Universitario de la Universidad San Francisco Xavier.
Actualmente llevan en su trayectoria 19 discos, siete de éstos en CD. Dos de ellos se editaron en Alemania y uno en Inglaterra.
Con el paso de los años, Los Masis sumaron reconocimientos en Bolivia y festivales mundiales. “Lo más lindo ha sido ganar el Sombrero de Sao”, dice el entrevistado recordando que esa vez, en 1989, tocaron una chovena. Le siguieron decenas de premios.
Entre aquellos galardones está el primer reconocimiento internacional, la medalla de San Miguel Arcángel otorgado por la Alcaldía de Bruselas, Bélgica. Otro llegó por su participación en el Festival Mundial de Folklore realizado en Québec, Canadá, (1993). Los Masis interpretaron la música de Simeón Roncal, Joaquín Valda, Antonio Auza y música boliviana en general.
Tiempo después, sus melodías volcaron su mirada a la música étnica, “más autóctona, porque para nosotros la música es parte del mundo andino, parte de la vida”, recalca Sahonero.
A raíz de esa dedicación, buscaron abrir ventanas en el mundo y dar a conocer la imagen positiva de Bolivia con la música, considerándola una “verdad sin demagogias, que no engaña y tiene la heredad de sus abuelos”.
El grupo se constituye ahora —después de 37 años de vida— en un “muyu” o círculo donde cada integrante es “un puntito del círculo y tiene el mismo valor, los mismos deberes y derechos”; lo mismo sucede con los alumnos y miembros del Centro Cultural Masis. Es una institución social solidaria y recíproca, similar a las que todavía viven en las comunidades rurales del país.
En 1977, el interés musical y la búsqueda de raíces andinas reubicó su interés por la investigación etnomusicológica y la formación de nuevos valores en los instrumentos nativos.
En este Centro rige la disciplina individual y grupal. La riqueza de esta forma de vida combinada con la formación musical de cerca de un centenar de varones y mujeres, jóvenes y niños.
Música y desarrollo rural
Un encuentro casual entre Los Masis y un conjunto autóctono de Michkhamayu, comunidad yampara a 80 kilómetros de Sucre, en un Festival Musical de La Paz en 1972, generó el interés por establecer relaciones con el campo quechua parlante y poner en circulación “los pujllay, los toritos, ayarichis, gran parte que ha quedado en los trabajos discográficos del grupo”, recuerda Sahonero.
Desde esa época recaudaron recursos en sus giras anuales por el exterior del país para apoyar la creación, construcción y manutención de una escuela bicultural y bilingüe, hoy el Colegio de Michkhamayu, con dos internados, campos deportivos y servicios de agua potable y electricidad para la comunidad.
La convivencia en medio de personas que “viven un proceso profundo antes de componer una canción y charlar con el sereno, con la inspiración de lo natural” ayudó a Los Masis a comprender su propia identidad.
Puntos de vista
“Cada uno llega a ser un aporte” René Figueroa, mayor del grupo comunitario.
“He ingresado aquí a mis 15 años y he visto que hay diferentes cosas que uno tiene que valorar, sobre todo el hecho de asimilar mi cultura, adoptar mis raíces. Aquí llevamos una disciplina muy rígida porque es importante respetar el espacio de cada uno y su contexto, esto nos ayuda a ver que no todo es materialismo, sino a ver que cada uno de nosotros llega a ser un aporte como persona”.
“Enseñar como un plan de vida” José Santibáñez, profesor de charango.
“En cada ensayo, yo doy todo lo que tengo, pero también recibo porque al enseñar se aprende mucho y no se queda ahí sólo en mi persona todo lo que yo sé. Se crece no solamente en manos, se crece espiritualmente, compartes con ellos (los alumnos del Centro), es como un plan de vida que te lleva adelante. Enseño charango para que también busquen más y enseñen a otras personas”.
“La música nos equilibra” Roberto Sahonero hijo, profesor de canto.
“Buscamos que los chicos desarrollen sus mejores talentos, que aprendan a reconocerlos y también cuál es su misión en la vida. La música nos equilibra espiritualmente, el centro es un lindo movimiento. Tenemos chicos que una de las mejores cosas que hacen es la música. Lo que queremos es empujarlos a su integralidad, a reconocer su identidad con orgullo”.