El panorama es desolador: Hasta donde alcanza la vista, hay miles de troncos de árboles carbonizados y el suelo está cubierto de hollín. El devastador incendio cerca de Guadalajara, en el centro de España, convirtió a la zona abrasada en un desierto negro.
“No he visto nada igual en toda mi vida y he visto y sofocado muchos incendios en esta zona. Pero ni aproximación. Iba a pasos agigantados. Esto parecía el infierno”, señaló al diario madrileño El País Jesús López, el alcalde de Ciruelos del Pinar.
En Riba de Saelices, aún no había sido controlado del todo el voraz incendio que arrasó con más de 12.000 hectáreas.
El sábado, un grupo de excursionistas de Madrid visitó allí la Cueva de Casares. Luego, se reunieron cerca, en un merendero con parrillas. Hacer barbacoas no está prohibido, dijo el guía de las cuevas, Emilio Moreno. “Pero les dije que era una temeridad y una imprudencia hacer una barbacoa dado el fuerte viento y el calor”. El grupo no prestó atención a los consejos. “Sí, sí, no se preocupe. Sabemos lo que hacemos”, fue la respuesta. Según la Policía, ese fuego desató el infierno.
Muy cerca se pueden ver aún los restos carbonizados de varios vehículos todo terreno. Pertenecían a los 11 guardas forestales que el pasado lunes perdieron la vida en la lucha contra las descomunales llamas que los acorralaron por la fuerza del viento.
Uno de los excursionistas admitió que inició un fuego para la barbacoa. Es posible que esa persona sea acusada por un delito de incendio forestal por imprudencia y con resultado de homicidio. Madrid, DPA