Redundantes, mediocres, estereotipadas, de baja calidad... Esos algunos de los conceptos vertidos por el jurado que tuvo la misión de evaluar las obras que compitieron en la 53 versión del Salón Municipal de Artes Plásticas Pedro Domingo Murillo, cuyo fallo se conoció el lunes.
Luego de evaluar cada una de las 166 obras, Silvia Peñaloza, Gery Escóbar, José Bedoya, David Villegas y Francine Secretan decidieron declarar “desierto” el Gran Premio del certamen, de 25.000 bolivianos, y el premio Solón Romero de técnicas tridimensionales, dotado de 10.000 bolivianos.
Para Peñaloza, 21 años docente de la carrera de Arte de la Universidad Mayor de San Andrés, la calidad de las obras que concursaron en el certamen municipal “dejaron mucho que desear”, debido a la pobreza y baja calidad de las propuestas artísticas.
Peñaloza sostiene que el bajo monto destinado a los premios del certamen provocan que los reconocidos artistas plásticos del país no participen del evento.
“Hemos tenido que eliminar un montón de obras debido a la debilidad de las propuestas”, acotó la escultora Francine Secretan.
De las 166 obras presentadas al premio —dividida en seis categorías—, menos de un 10% se encuentran expuestas en las salas de la Casa de la Cultura.
El resto de las obras “no merecía formar parte de un concurso tan importante”, añadió la artista, quien cree que se debe formar un jurado para que realice una preselección de las obras.
Puntos de vista
“No hubo nuevas propuestas” Francine Secretan. Jurado del certamen “La mayoría de las obras que participaron del concurso municipal no reunieron la calidad ni los conceptos necesarios para optar por los premios. Como jurado, esa situación fue difícil a la hora de evaluar las piezas. No había ninguna propuesta dinámica ni innovadora. El uso de las técnicas fue fatal. Un ejemplo de ello es que de una treintena de esculturas, sólo una fue seleccionada. Eso demuestra que la formación académica no está cumpliendo su papel”.
“Con tristeza se evaluó las obras” Silvia Peñaloza. Jurado del certamen “El Salón Murillo es la imagen plástica del país y muestra el estado en el que se encuentra nuestro arte. En esta versión, se presentó una constante en la forma y la composición. Los concursantes no se han preocupado ni siquiera en el trabajo de montaje de sus obras. El jurado ha tenido que evaluar con mucha tristeza cada obra y declaró ‘desierto’ el Gran Premio. El concurso debe apuntar a atraer a los grandes artistas, y para ello debe incrementar el monto del premio”.