Contrariamente a los sinsabores y a las malas noticias del pasado reciente, hoy podemos comentar sobre una buena —pero poco difundida— noticia para Bolivia. En mi anterior columna del 7 de este mes, hice referencia a la reunión del grupo de los ocho países más ricos del planeta que se llevaba a cabo en Escocia. Dicho encuentro tenía como uno de sus temas principales en agenda, el alivio de deuda a los países más pobres del África, dada su catalogación de países HIPC (países pobres altamente endeudados). El HIPC concentra a los 18 países más pobres del mundo de los cuales 14 son africanos y cuatro americanos, entre ellos Bolivia. Inicialmente, no estaba claro si los países no africanos serían también beneficiarios de las resoluciones del G-8. Hoy, sabemos que Bolivia ha sido incluida y por lo tanto también será favorecida con las condonaciones y el alivio de deuda comprometido por este grupo de naciones del primer mundo.
Según informes de prensa del G-8, las deudas de algunos organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional estarían condonadas en un 100%. Bajo este escenario, Bolivia estaría exenta de compromisos financieros de aproximadamente dos mil millones de dólares, equivalentes al 40% de nuestra deuda pública externa total. El alivio anual al Tesoro General de la Nación sería de alrededor de 250 millones de dólares, monto cercano al 50% del déficit fiscal del país. Esta importante condonación requerirá, obviamente, de continuados compromisos por parte de Bolivia de disciplina fiscal y gobernabilidad. En caso que se adhiriera a esta iniciativa el Banco Interamericano de Desarrollo, la condonación ascendería a tres mil setecientos millones de dólares; 75% de nuestra deuda total.
Las instancias finales de definición de los montos y los mecanismos de implementación del alivio a Bolivia se definirán en las reuniones anuales del BM y del FMI en los próximos meses de septiembre u octubre. Resulta ahora el momento propicio para que nuestros representantes residentes ante esos organismos multilaterales interpongan sus mejores oficios en aras de concretar favorablemente esta importante iniciativa. De igual forma ante el BID.
La liberación de los recursos destinados al servicio de deuda en el TGN podría encaminarse a proyectos de infraestructura, de salud, educación y alivio general de la pobreza. Y, si adicionalmente, los próximos en gobernarnos a partir del 2006 viabilizan la exportación e industrialización masiva de gas y corrigen las dañinas distorsiones en nuestra economía como el contrabando, la evasión impositiva, los subsidios y la fuga de divisas por importaciones de chatarra y artefactos usados, lograríamos quizá salir de la profunda crisis económica que nos agobia y así vislumbrar un futuro promisorio a corto o mediano plazo.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
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