Fue triste la noticia publicada hace unos días, dando cuenta de que más de 17.000 jóvenes estaban pugnando por sólo 500 plazas para estudiar en “la Normal”, para luego asegurarse un ítem en el magisterio. Esta noticia refleja el colosal problema del desempleo que se agranda cada año, puesto que alrededor de 200.000 jóvenes cumplirán 18 años en el 2005 y tan sólo 30.000 personas cumplirán la edad de jubilación. Es decir, cada año se tendrían que crear 170.000 nuevos empleos sólo para frenar el crecimiento del desempleo. Este es el verdadero problema detrás de todos los conflictos sociales y políticos que están desgarrando nuestra Bolivia, y resolverlo es el gran desafío del Gobierno que se instale en enero del 2006.
Se ha puesto de moda entre analistas y políticos decir que “el modelo neoliberal se ha agotado”, al punto de que varios economistas y candidatos a la Presidencia ya andan diciendo que favorecen un modelo “mixto” con mayor protagonismo del Estado. ¿Qué es lo que realmente quieren decir con eso? ¿Qué es lo que piensan hacer para encarar el descomunal problema de desempleo? Nadie lo sabe, probablemente ni ellos mismos. Irresponsablemente nos estamos sorteando el futuro del país, generando un falso debate en torno a estribillos como “modelo mixto” y “neoliberalismo”. Los grandes e importantes temas de la llamada agenda nacional han quedado también reducidos a estribillos como “Asamblea Constituyente”, “autonomía” y “nacionalización” sin precisar lo que significan.
Un tema común a todos los estribillos de moda es cómo rediseñar el Estado mediante un nuevo pacto social que nos dé una mínima estabilidad y nos permita prosperar. Eso significa que tenemos que repensar nuestra vocación económica y —consecuentemente— los tributos: quién los paga, quién los recauda, quién los administra y quién decide en qué se los gasta. Las posibles respuestas a estas preguntas deberían ser el centro del debate sobre autonomías, Asamblea Constituyente, nacionalización de hidrocarburos y, sobre todo, del modelo económico que genere empleo y bienestar. Sin embargo, el debate no ha comenzado, porque ni siquiera se conocen las propuestas.
Dios quiera que los candidatos y sus asesores encuentren inspiración y nos propongan un rumbo para el desarrollo económico y no nos vuelvan a defraudar con los tradicionales planes y programas sectoriales, tan inútiles como previsibles: apoyar a la pequeña y micro empresa, ejecutar un ambicioso plan de vivienda social, potenciar el agro, priorizar las exportaciones, facilitar el acceso al crédito, invertir en infraestructura, etcétera. Los candidatos que ya se adelantaron a enterrar el modelo neoliberal y proponer un modelo “mixto” o “híbrido” están ante la obligación moral de explicar exactamente en qué consiste su propuesta.
A cuatro meses de las elecciones generales, es hora de que los candidatos dejen los estribillos y hagan conocer sus propuestas concretas sobre los verdaderos temas de la agenda nacional. Los candidatos nos tienen que hablar claro y los electores se lo tenemos que exigir, so pena de negarles nuestro voto en las urnas.
*Miguel Antonio Roca es director de Kriterion.
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¡Buenas noticias!
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Federalización
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