El éxodo de los bolivianos nos hace pensar que éste es un país sin suerte, donde nada se puede concretizar y que las mentiras y el espejismo de creer que en otros países la vida será mejor nos embarca en aventuras que generalmente terminan con nuestros compatriotas explotados, humillados, con más deudas que cuando se fueron, enfermos, con la familia desecha y con hijos sin una propia identidad.
¿La razón del éxodo?, un país sin suerte, quebrado, sin autoridad ni confianza, donde nadie sabe qué depara el mañana, donde aquellos a quienes hemos depositado nuestra voz de hacer de este país algo mejor sólo piensan en sí mismos, donde los caprichos son más importantes que la Constitución Política del Estado, donde muchos de nosotros tenemos el aliento contenido de que esto que nos pasa hoy no sea la crónica de una muerte anunciada.
Pocos son los que viven bien afuera y muchos los que viven mal y nosotros aquí con la mirada y el alma perdida e insensible vemos a nuestros compatriotas subirse al camión del destino sabiendo que sólo irán a agachar su cabeza y sumir sus deseos, su voluntad y su vida por unas cuantas monedas y cuya condición de vida será apenas superior al que aquí tienen… así no sólo empobrecemos nuestro vida espiritual sino nuestra cultura como nación.
¿Por qué no vemos que este accionar de dejar sus regiones, sus raíces sociales y culturales no es nada más que un reclamo por protección, equidad, justicia y trabajo con la única alternativa que tienen?
Escuché a mucha gente decir… yo me quedo, obvio, si no saben qué es la pobreza y la verdadera falta de oportunidad y no por unos cuantos meses sino por años.
Entonces, ¿dónde estamos hoy? y ¿qué hacemos para cambiar esto?
Esta situación, por su magnitud e incidencia debe dar lugar a una profunda reflexión de qué es lo que estamos haciendo a nuestro país, cuán comprometidos estamos todos en dar alternativa de mejor vida a nuestro prójimo, debe servir de base para un diálogo profundo y serio de reconstrucción y no de destrucción.
*Humberto Cayoja Soliz es economista.
Lamento de un bibliófilo
El periodista cubano Luis Sexto, maestro de maestros, llegó a La Paz para dictar un curso de Periodismo Literario. Lógicamente a los cinco minutos del primer abrazo en la recepción de su hotel ya estábamos en una librería
Democracia, internet, etc.
Aunque lo vengo repitiendo desde hace algún tiempo cada vez que me dirijo a una audiencia juvenil —Sub 20, digamos— me sigue pareciendo fascinante la reacción de cierto desconcierto cuando digo que ya hubiera querido disfrutar en mis años mozos de dos cosas que para esta nueva generación son parte del paisaje: la democracia y la red internet
La base ideológica de Evo
Esta es la primera nota de algunas en las que ejerceré de antropófago político de los candidatos en las próximas elecciones, festín que degustaré provisto del digestivo de no cargar el palanquín de ninguno.
Explotación económica y crecimiento
El proceso de creación de riqueza en el planeta es reciente. La primera y segunda revolución industrial seguida por la revolución de la información y comunicaciones han producido mejora en la calidad de vida sin precedentes.