El proceso de creación de riqueza en el planeta es reciente. La primera y segunda revolución industrial seguida por la revolución de la información y comunicaciones han producido mejora en la calidad de vida sin precedentes.
Analizando estadísticas entre 1820 y el año 2000 el ingreso per cápita de la humanidad se multiplicó por 9. En todos los países hubo progreso, pero en algunos se crearon las condiciones para aprovechar mejor este fenómeno.
Así la diferencia de ingreso entre el país más rico de ese entonces, Inglaterra, y un país del África Subsahariana era de 4 a 1. Hoy la diferencia entre los Estados Unidos y la región más pobre, el África, es de casi 50 a 1. Esta desigualdad no se da porque los países ricos les quitaron a los pobres.
En realidad desde finales del siglo 18 el mundo viene creando riqueza en un periodo único en la historia de creatividad, innovación y avances tecnológicos.
El punto esencial es que el desarrollo económico no proviene de la propiedad de los recursos naturales. Aunque pueden ser un complemento, es más bien fruto de un conjunto de condiciones que permiten mejorar sosteniblemente la productividad a través de innovación científica, intercambio comercial, ahorro e inversión.
Lo que no quiere decir que no existen inconsistencias en el discurso y las políticas de países desarrollados hacia los más pobres. Las barreras a productos agrícolas son un ejemplo para quienes hablan del libre comercio.
El bajo porcentaje de transferencia de recursos de los países desarrollados hacia las zonas más pobres del planeta es una contradicción para aquellos que apoyan mayor redistribución en nuestros países.
Todavía existen en el mundo más de 1.000 millones de seres humanos en condiciones de extrema pobreza. Se trata de personas que tienen problemas básicos para subsistir como de nutrición y de salud. De acuerdo al censo del año 2001, existen alrededor de 2 millones de bolivianos viviendo en esta situación independientemente del esfuerzo que hagan.
Es nuestra responsabilidad cambiar esta realidad histórica a través de un proceso de desarrollo sostenible.
A pesar de que no existe fórmula única para el crecimiento económico se observan varias características comunes en los casos de éxito. Entre ellas podemos citar: estabilidad macroeconómica, ahorro e inversión sostenible, adopción de alguna modalidad de economía de mercado, institucionalidad que permita sobrellevar periodos de crisis y periodos largos de paz y crecimiento.
Queda claro que el desarrollo sostenible se da en sociedades abiertas, que fomentan la innovación, cohesionadas, en las que existe respeto a la propiedad privada y con institucionalidad favorable al ahorro, formación de capital y creación de empleo. En Bolivia tenemos el reto de convertir a los más pobres en parte del activo productivo del país, dándoles salud, educación, infraestructura, posibilidad de ser protagonistas en la política y principalmente oportunidades para producir y ser dueños del fruto de su esfuerzo.
*Eduardo Paz es vicepresidente de Compromiso Ciudadano.
Lamento de un bibliófilo
El periodista cubano Luis Sexto, maestro de maestros, llegó a La Paz para dictar un curso de Periodismo Literario. Lógicamente a los cinco minutos del primer abrazo en la recepción de su hotel ya estábamos en una librería
Democracia, internet, etc.
Aunque lo vengo repitiendo desde hace algún tiempo cada vez que me dirijo a una audiencia juvenil —Sub 20, digamos— me sigue pareciendo fascinante la reacción de cierto desconcierto cuando digo que ya hubiera querido disfrutar en mis años mozos de dos cosas que para esta nueva generación son parte del paisaje: la democracia y la red internet
¿Dónde pueden ir los pobres?
El éxodo de los bolivianos nos hace pensar que éste es un país sin suerte, donde nada se puede concretizar y que las mentiras y el espejismo de creer que en otros países la vida será mejor nos embarca en aventuras que generalmente terminan con nuestros compatriotas explotados, humillados
La base ideológica de Evo
Esta es la primera nota de algunas en las que ejerceré de antropófago político de los candidatos en las próximas elecciones, festín que degustaré provisto del digestivo de no cargar el palanquín de ninguno.