Un zapatero, dos jubilados, un ama de casa con seis hijos y dos empleados son parte de un elenco de 200 vecinos de la ciudad argentina de Saladillo que han dado vida como actores vocacionales a 17 películas dirigidas por dos lugareños a un costo de 172 dólares cada una.
"Al principio me costó convocar a los vecinos, porque no estaban seguros de dar la cara por un pibe (muchacho) de 17 años, ahora, muchos me piden participar", dijo el director Julio Midú, que actualmente tiene 30, mientras junta los rudimentarios elementos de filmación.
Midú manifestó que el proyecto ya es como una marca de identidad de esta apacible ciudad de 30.000 habitantes, en su mayoría empleados públicos, comerciantes o dedicados a la actividad rural, como en tantas otras partes de Buenos Aires.
Todo comenzó cuando a los 17 años Midú no pudo viajar a Buenos Aires, para desarrollar su vocación de cineasta porque tenía que cuidar a sus seis hermanos menores en Saladillo, donde trabajaba en una fábrica de calzados deportivos. Sin embargo, no se resignó, y el proyecto de cine vecinal fue tomando forma hasta convertirse en una masiva iniciativa.
"Mil veces estuve a punto de tirar la bandera", expresó el cineasta, quien, además, filma telenovelas también con vecinos, la última de las cuales consta de 100 capítulos.
Las películas se exhiben con entrada gratuita en el cine Marconi de Saladillo, con capacidad para 900 personas, y luego los dos canales de televisión por cable del lugar las pasan en forma simultánea.
Los actores-vecinos no sólo participan gratuitamente, sino que, además, lo hacen en horario laboral, se procuran el vestuario, prestan los autos para rodar una escena o los usan para trasladar al elenco a las locaciones, que también son ofrecidas sin costo. Saladillo (Argentina), AFP