El dinero de un publicista vinculado al Partido de los Trabajadores (PT) y a los escándalos de corrupción que sacuden Brasil sirvió para financiar partidos, jueces y hasta organizaciones no gubernamentales, según documentos revelados ayer.
Los tentáculos de Valerio Fernandes parecen más largos de lo que se sabía hasta ahora, pues de momento sólo el partido fundado por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y otras tres formaciones aliadas estaban implicadas en las corruptelas ligadas al publicista.
Documentos obtenidos por una comisión parlamentaria que investiga los escándalos prueban que las dimensiones de la máquina de corrupción eran gigantescas. Uno de los nuevos papeles dice que las empresas del publicista financiaron, igual que lo hicieron con el PT entre 2003 y 2004, al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en las elecciones de 1998.
El PSDB, que ese año llevó a su segundo mandato al presidente Fernando Henrique Cardoso, fue “ayudado” por Fernandes al menos en la campaña de Eduardo Azeredo a la gobernación de Minas Gerais, el estado donde están las empresas del publicista.
Otros documentos dicen que, en los primeros meses de este año, recibieron dinero de Fernandes el Frente Nacional de Alcaldes, el Instituto de Magistrados de Brasilia y la Asociación de Jueces, también de la capital federal.
La Asociación Brasileña de Organizaciones no Gubernamentales (sin fines de lucro) fue otro beneficiario y recibió 500.000 reales (208.000 dólares), según prueban los movimientos de las cuentas de Fernandes. Los nuevos documentos, sin embargo, no han apartado el foco del escándalo del Gobierno y del partido de Lula, que parecen cada día más comprometidos.
Renilda Santiago, esposa del publicista, dijo ayer en el Congreso que el ex ministro de la Presidencia José Dirceu sabía que su marido había avalado unos préstamos por casi 17 millones de dólares en favor del PT con contratos de sus empresas con organismos del Estado.
El dinero, según el ex tesorero del partido Delubio Soares, fue usado para financiar campañas electorales y “ayudar” a legisladores del PT y de otros partidos de la coalición gubernamental.
Santiago, que figura como titular en las empresas de su marido, aseguró que se ha dedicado a la familia y nunca se inmiscuyó en los asuntos de las firmas.
No supo explicar cómo el patrimonio de su familia pasó de 1,5 millones de dólares el 2002 a 7,5 millones de dólares el 2004, en coincidencia con los dos primeros años de Lula da Silva en el gobierno. Brasilia, EFE